El Candelabro de Isaac
He formado planetas dentro de una estela
y he asaltado espumas para arrancar jardines,
en ellos también resiste un pétalo.
He dirigido coros hasta sorber la sombra
de un dirigible premunido de infames dominios.
Mi voz ha pastado junto a animales
criaturas que antes de la piel caminaron entre la sangre,
no, no me quieras tú amor despertar
nos conocemos como mi dedo y su uña
como los ojos y aquello que ven,
aunque sepa que detrás de esa imagen hay otro camino
una silueta, un icono, hasta una llama de seda
invernando en el tremante suplicio que labia un espectro
un sendero de jirones
que escarban profundidades de arena, longevos
conocimientos de algas que no me conocen.
Y sin embargo he dejado este grito
esta noche comparada con la albumina
o una canción de acero,
dividida por la nostalgia de todos los demonios,
sin embargo amor hemos tocado un regreso
y sólo habitan planeadores junto a la sabiduría,
artificios de luces que impregnan de coros todo viento,
la corriente de ese inmenso responder con las venas
disponiendo un día de entrañas,
una muralla transformada por el plomo
por glicerinas de caravanas formandose en el tiempo
de un cielo que clama hasta plegarias
de insurgentes murcielagos.
Sin embargo hemos ido, iremos
estamos ahora en cada respiro musitando mundos
desconociendo que tropas huyen en nuestros pañuelos,
estamos separando horas de centellas
y nos retamos como a cada naipe
esa que sólo puede escribir entre las runas de un río.
Guillermo Paredes Mattos
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