domingo, 1 de diciembre de 2013

Poesìa





Poesìa
Tengo miedo de la arena, porque en ella
el mar acaba su historia.

Tengo pavor de los pàjaros, sòlo saben sostenerse
en el cielo.

Ninguno anduvo a mi diestra mantuviendo un diàlogo.

Para dictar sus monòlogos eligieron el aire.

Tengo tanto pavor de este momento que precisamente
con èstas palabras de èl me separan,
con algo de mentira, con algo de verdad
irracional como la primera noche en que bebìa cabezas
y el mundo era el horizonte perverso:
la exactiutd de una forma donde muere el agua.

Ya lo he dicho tengo: miedo de la arena.
Tengo miedo de la arena porque no conoce soledad
es como un santuario donde las olas
no llevan cruces ni epitafios
ninguna làpida hay de ellas donde pueda reconocer
su leyenda. Ninguna puede decirme
su nombre.
Pero a mì, me importa poco este miedo
por ello hablo de èl, por ello lo visto, lo calzo
y hasta lo arrojo al precipicio vestido de cometa.
Què sabre yo de calabozos, què sabre de locuras
vivo ensimismado en puntos de albumina
y a veces sòlo ensimismado.

No me tiento, siempre soy temerario cuando se trata
de este aquì, de este soplo resumiendo mitades
abriendo sensores de algas, indagando sienes.
Poseo un halo pero èl no me posee
una prudencia vestida de rojo, un animal de fuego en
cada despertar y si quiero la distancia es pecado
del horizonte por querer soñar lo lejano.

Soy nada màs que un punto.
Y debo estar atento a èl, si no me doy cuenta
serà la linea y no es el espiritu quien
traze su universo.



Guillermo Paredes M.

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