La Pubertad del Cielo
Sí hay reveses, giran y esconden sus bordes donde el mar está sentado
como de la luna.
Presenciando noches como la idea en un cadalzo de naturales vacíos
muy cerca de la muerte.
Sí, todo puede ser rodeado como conjugando en un aire de barros lo
que era en una maldición.
Pues en un soplo lo divino representa raices de linfa que idolatras
agonizan representando el vacío.
Vida, eres tan frágil que no puedes acompañarme cuando camino
debajo de la tierra.
Y te separo en el aro que duplica enfermedades como la gota
o el caballo cuando aprende en otro rostro.
En una dimensión donde despiertan travesías de ruidos deformados
por el ansia.
Por las calles donde la voluntad vuelve a un hilo de larvas con la duda
o un relámpago escenificado por el trueno.
Por este hilo con pretensión maligna y voz de cadaver que teme acariciar
desde su ciencia de abismo.
Sí, hay algo de ropero, de formación de escalas, una prisión que inicia ángulos
de platino con el oceano.
Unas sienes dispuestas a entregarnos como en una yema de borrascas
donde uno despierta cuando duerme.
Y miramos y elegimos con espaldas de piedra ya que en un solo movimiento
empazamos a quedarnos.
Algo de tentación y cabeza, un humo de vérdugo y de barco, un arista
en los filos de una tasa.
Una atención dentro del vértigo, un exilio para cualquier trementina, un circo
de manos en un día rojo.
Un paladar donde humedecida, esconde su última esperanza la saliva
antes que sea tomada por el latido.
Por este plapito de raciocinios que no viven tanto o más como aquello
que es tocado por mi boca.
Porque hay cosas que se espantan cuando oprime o muerde una palabra
y nos entrega a su peso.
A un equilibrio de pústulas, de estalactitas y cercos como la inquisición de
una hora saltando en la espina.
En la superficie de este principío, tan artista en un veneno de perfumes
como la existencia.
Y esa lírica de un vientre que cruzó la madrugada, para mirar la pubertad
del cielo.
Guillermo Paredes Mattos
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