lunes, 16 de diciembre de 2013

La Ceremonia de Fuego





La Ceremonia del Fuego
                                                                                       
Detràs del mar se alza un juego de horizontes
y viejos exorcismos.
Son historias de velas que un dìa interpretaron la linfa
y despuès fueron juguetes.
Son alegorìas de un halo que lleva dirigibles de carne
para todas las constelaciones.
Detràs del mar, ese punto en una paràbola es tambièn
una metàfora.
El dìstico exacto de esa oraciòn dominada por el verbo
en crisoles de sueño.
Donde la sed ya no es del amor pero proviene de ojos
que rozan las entrañas.
Y fieros son como la conmociòn, como una mitologìa
de aceites enfrentados por la nada.
Como una mafia de lucidos planetas formando la imagen
en hilos de la nieve.
Donde la infancia cada noche caza pubertades de citaras
y mànticas opulencias.
Donde los naipes son acuario de esa vanguardia dada
por las espinas a tus manos.
Y leemos con la certeza de quien ve trascendencia en cada
respiro de los trazos.
En cada trama, en cada mirmidòn y el mundo es apolineo
como un pensamiento.
Yo te recuerdo espìritu, buscaste ejemplos dentro del otoño
y anunciaste primaveras.
Yo te evoco alma, no hay jardìn ahora que no diga tu nombre
cuando lo toquemos.
Somos la remota venganza de un corcel ardiente como
un pielago de cera.
Donde las figuras son formadas por entrañas y las venas
construyen màgicas siluetas.
Somos lo que no puede tocarse y decirse, igual de una manera
que discierne entre rojos.
Los colores confusos que hay en una mitad de un angel
y su performance invisible.
Percutando ruinas y yelmos, escrutando entre orificios y truenos
su edad de fantasìa.
Detràs del mar porque no hay estela sino es àtomo de
paisajes y hemisferios.
Donde la creaciòn dejase vivir, para que su garganta sea
episodio del instante.


Guillermo paredes mattos

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