miércoles, 11 de diciembre de 2013

El Velo del Aneroide






En el velo del alcohol donde danza un aneroide
en la pira cegada de un mago cada noche
y el eco taciturno de un soplo que no duerme, que avista
y presagia emboscadas de fuego, mitines de arrecifes
presencias de niveos palpitares junto al orco.
En esa nave dormida para cada pupila
y el sereno festín de la entraña en sus mástiles
insinuando árboles de ruinas y golpes
de pocas civilizaciones para el pensamiento
e infinitas para la mirada, de calles embriagadas
más no por un alma  y ese rito de hastío en los barcos
que emprenden retiradas entre sus cenizas,
que miran horizontes entre visiones
y lo que vuelven a tomar es sólo el verbo.
En la hoja cayendo del arbol para cada sentina
y el aullido del viento al descifrar sus olas,
su mar de espacios como granizo que vibra
apuntando ruletas de espiral en los ojos.
Y es la cadencia de un lirio lo que una voz intuye
la silueta descifrandose a sí misma, el hálito
de una percepción a través de mareas,
cuando bate la luna su último reflejo
su canto de ninfa o de gitano olvidado
su urbe en la tierra encontrando otro corazón
en lo profundo, su destino bajo espadas
que elevan pergaminos y romances,
la heroica yesca alejandose entre murallas
después de haber seducido una brújula.
Guillermo paredes mattos

No hay comentarios:

Publicar un comentario