jueves, 19 de diciembre de 2013
Aspavientos Naturales
Atardece como en un hematóma.
Como en los lenguajes del arroz; crepuscular
es aquello todo que atardece.
Estéticamente moral si se quiere, reproductor
de escamas y axiologias donde nace
un convento.
Donde las siglas son percutores y el vibrar
de una ruleta vuelve a los axiomas.
Ahora puedo llamarme desconocido.
Saber allí que realmente existo entre condiciones
que mi fisiología no muda ni muta a parte alguna.
Asi una revelación me encuentra.
No son las condiciones para que una revelación nos halle.
Es una forma de entrenarse en los hombres: es un misterio
para quien espera algo; un ente, un trigono, la revelación
también pisa primero en el agua que nosotros
dejamos en los papeles.
La revelación es fenómeno por el cual pasan
los bueyes y nosotros discutimos
en su crepitar cúal es el
silencio del silencio que nos toca
como una duna de seda abierta por las
cosmogonías en un verano en que abandonamos
el lirimos para convencernos que estámos mas que de
aulos, hechos de membranas.
Y alguna intenta ajustar este silencio.
Reconocer cómo programamos nuestras heridas
sin que nos hieran.
Reconocer cómo es que logran mostrarnos un dolor
mas profundo sin herirnos.
Tan sólo educandonos.
Igual a un bolido que evoluciona a la ceniza
en nuestra cara.
Guillermo paredes mattos
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