lunes, 9 de diciembre de 2013

El Gurbiòn de la Egloga




A nosotros nos espera, algo que no es la noche ni el día
que representa barcos en un amanecer de rocío,
e inunda madreselvas con el oido de un gurbión sin colores
docilmente cayendo en las manos de las piedras.
A nosotros nos aguarda una estela que orilla su sombra
para que lo secreto allí contemple. El día esquivando un soplo,
la madrugada colgando entre arrecifes y materias, un pacto
de nieves que despuntan entre sus ballestas, sus sesos.
Somos de ceniza y también modificamos elementos
respiramos como el sol dentro del fuego y rompemos
la modernidad de átomos y lenguas, aquellos que cantan
y nos aburren desde desesperados hilos. Iluminados
por caravanas de esferas, corremos hasta el viento
porque sólo sus jardines pueden acercarse a la vida,
porque sólo su oxigeno levanta mares y praderas
soy mi propio aprendíz, de mí desciendo, de mí cabalgo
a cualquier mar, cualquier arena, lleno de circulos mis días
a cada instante los recuerdo, porque su vida va tan rapido
como mi soplo. Batido por un pájaro de serpentina, sepultado
por una llave de nupcias y escondrijos donde llamea la seda
voy atenazando un golpe, una civilización de carne donde duermo
y corrigo a veces el subrepticio llenar de alondras y serpientes
el ruido de la savia resplandeciendo en un mágico semen.
A nosotros nos espera un estuario donde no canta el hombre
el tiempo deambulando como una masacre en la lluvia
el instante defendiendose entre miticos de niebla
la helice de un manantial en un cuerpo, acariciando
las brújulas donde fue devorada la sangre, el juicio
del hada y la babosa, espiando desde el árbol
el movimiento del árbol y un nido. La llegada
de un pájaro, de un sed caliente que trae veranos
en su seno. Porque sabe que sólo el abismo los toma.
 

Guillermo paredes mattos

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