Pierdo una calle en cada caminata.
Me pregunto dónde quedará su memoria.
No es que la nostalgia sea dibujada en las paredes.
No es que la melancolia muestre sus mendrugos de capitan o marinero.
Estoy caminando, eso es todo.
La luna es un aire de verdad y de mentira.
Ya no hay jueces, ya no hay verdugos.
Y si los hubiera les enseñaría el lugar del barranco.
Ellos mueren facilmente.
Veo atrás la silueta de un hilo
con él trazé la boca de una araña.
Miro los palacios en la coraza de un escarabajo.
Hay alguien que pueda decirme como entrar en ellos.
No, mi civilización no es de agua.
Es una cadena de carbones a veces recogiendo el color
de lo que se desvanece.
Temerosa ante aquello que no lleva tarde ni noche.
Ni que hablar de madrugadas.
Eso no es una herejía.
Mira hombre, está tocando mi ser algo que puede ser el milagro.
Pero no, es una epifanía.
Como debe ser, lo divino vuelve a jugar con los ecos.
Guillermo paredes
No hay comentarios:
Publicar un comentario