miércoles, 11 de diciembre de 2013

La Oscuridad de los Yambos







 
 
Cuando los árboles se cansaron de las hojas
tuve que ofrecer mis manos para que sigan viviendo.
El gorjeo se confundió en el sonido de mis labios
y de mis poros emigraban ciudades de magia
aquellas que los pájaros trazan en el cielo.
Y entonces la vida me dijo y se lo dije a la vida
no quiero nada, mi sueño tomar un barco cada noche
y enseñarle al mar que en los brazos también cuelgan árboles
recuerdos de primaveras que vivieron alguna vez entre los hombres.
Cuando volvía de la noche mi soledad decía que la realidad es mas profunda
y había que cuidarse, defenderse del agua en los espejos,
de los candelabros y de las agujas,
de aquellos que fungen de magos, pero su experiencia
dura solo ante las puertas del miedo.
Y entonces ví a los presentes marginar purgatorios
defender pergaminos del ala del barro
impregnar de aneroide estas minucias
este sueño para nadie, porque en el fondo tampoco
es para mí.
Cuando la noche aprendió que llegar a nuestros ojos
era mas facil
que perderse en el universo,
cuando la creación quiso inventar algo como el amor
para jugar en los prados
y ver en el átomo de la semilla
abrirse paso como el infinito entre la tierra.
Y sentimos que el sol que se seca en las pupilas
es sólo  la venganza de un invierno.
Aquel que nunca el espíritu se atrevió
a amar.
 


Guillermo paredes mattos

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