Espero expresar, tal como me expreso en un monòlogo.
En una parte de esa intimidad cuya belleza quieralo o no es misògina
ante su propio espìritu.
Sucede que, sobre algunas cosas se puede caminar màs lejos incluso
que la distancia
y los caminos.
Pero hay un problema. La catarsis del verbar a veces
se descuelga intuitiva
y hay que persignarse
totalmente esceptico ante ello
para ello una tradicion judeo-cristiana
me cuelgue de sus arboles
me lleve a sus iglesias:
yo que nuca comprendì las palabras ceremoniales
de los hombres.
La civilizaciòn escribio dios como un yugo.
Dios se escribiò a sì mismo en una espina.
Para ello existieron pretorianos
y centauros de seda.
Para ello una esquirla romana meditò
esa estulticia.
Y nosotros, nosotros que somos
alguna confusiòn en medio de vertigos,
la estètica de un torbellino,
lo cocebimos desde lenguas
y esa historia no puede meditar,
la historia es sòlo un hecho.
Pero dentro de aquel torbellino
grita un arte.
Y se puede decir de èl desde una definiciòn
pero si se camina en su lenguaje
se oiràn tantas cosas.
No estoy preparado para ello.
Este es un monòlogo.
No esperen que diga las cosas que esperan.
No aguarden al poeta vestido de lirica e imagenes
para mì eso es un vestigio
y no sè que bosques sucederàn despuès de la noche.
Y sabes, la noche
es una propiedad hermafrodita
y escribo no porque quiera encontrar mi propio maleficio.
Lo hago porque nadie debe seguirme.
Cada quien debe seguirse a sì mismo.
Y nadie ni nada me sigue.
Ni siquiera mi vida lo hace.
Cuando oigo el mar este dice
que mi soledad es otra razòn y puedo morir por ella
igual como el vuelo del ave en al aire.
En realidad el ave es un asesino del vuelo.
Me pregunto donde estaràn los sepulcros de esos vuelos.
Entre los mortales sòlo observo.
Ante mì sòlo observo.
La naturaleza es un don
pero puede dominar historias de epidemias
nombres de luces y cartilagos.
Cuando voy, el ir es un mètodo
y los entes en esa dimensiòn
conciben sensibilidad muy lejos de neologismos.
El neologismo es un trasto.
Las cosas se definen a cada momento.
Y cuando se habla de verdad lo hacemos junto a la mentira.
Porque ella paradojicamente
vuelve a crearla.
Pero no me crean.
Sòlo mi voz debe creerse.
Sòlo los juicios de mi perversidad.
Mi posiciòn ante el horror de una maravilla.
Porque personalmente
estoy hastiado ya de su
belleza.
Esta es la mitologìa de mi mesa.
Como habràn deducido mi mesa contiene aún
la superficie de un filósofo.
Guillermo paredes mattos
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