Dice la rosa que el mar pertenece a los que han partido
que la nieve es inmortal mientras rueda en los labios
como una esfera que recuerda el sonido de otro nombre
arrastrando melodías que descuelgan su pulso
una aurora de fulgor muy cerca de la estrella
un barco con pedazos o campanas
un pensamiento donde naciendo en la pira el deseo
y cabalga rojo hacia el silencio.
Yo tengo un miedo mortal de evangelio
el roce de cada superficie dentro de mis ojos
la pupila enmascarada del amor en la voluntad
descubriendo sus arrecifes antes que la arena estalle.
Y tengo vastedades donde arredra el suplicio
su gruta de placeres y crueles maravillas
el pacto con el agua que lleva a la aurora.
Dice la rosa que sólo hay universales
que penetro remansos de halos perpetuos
que sigo a la perversidad cuando bebe de la hoja
ese verdor de nardo de todas las estrellas.
Y en silencio, solitario ante las hojas...
Pronuncio lo contrario, asi es.
Guillermo Isaac Paredes Mattos
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