Yo tejo en los cielos, los trenes son para los muertos.
Mis sentimientos aman pero sólo escrutinios
y la bendición de un rezo siempre tensa huesos
de platino
en mis sienes. Un aullido destierra
la sepia innombrable de invasores celestes
angeles de piedra que caen del cielo
como pajaros de lluvia
metales fosforecentes un día de espadas
cuando el amor es sólo una ventana
un lujo vidrio desbarrancandose en un cuerpo.
Y calibro mensajes que la eternidad deja
en el cielo
en la hora fugaz de todo equilibrio
extasiando quimeras,
fortunas de penumbras con el mar
estridencias que aún encienden un cuarzo
la hoja deja pupila de zafiro en mis dedos
esporas de esferas que son de los pájaros.
Un pàjaro que conoce exactamente el lugar
del origen.
La idea plana de todas mis ideas.
Mi cromosoma en tregua con la fosforescencia.
Y todos los puntos de metal.
Guillermo paredes mattos
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