Persigo el barco de aquel arder en los ojos
como un aparejo desnudo de invisibles piedras
donde un pétalo separa al sol del universo.
Miro merecenarios que trepan jardínes
emisarios de silenciosos evangelios en el alba
desprendiendo fortunas de visiones y prados.
Será por ello que todo empieza entre marea
y después un laberinto llega como posada
de albergues que rozan trancas de arena.
Es la argamasa la adolescencia de un cetro
conteniendo estradas en una ventana
donde como el alma también muere redil.
Es un guardían la noche de una serena
invitación de mandibulas al amor, de esperas
sobre vidrios que jamás serán cruxificados.
Yo me recuerdo entre todos los barcos
tenía una proa de angustia diestra, el delfín
enseñando borracheras del sol en el cuerpo.
Yo me separaba entre lúdicos desiertos
y agitaba el confin para que nada quede muerto
y retaba otro amor maldiciendo la palabra.
Y tuve un aliento de arañas junto a la piel
desdiciendo, desvaneciendo cualquier juicio
la muerte, la avaricia, la tez y el derecho.
Guillermo Paredes Mattos
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