Pesa más la lluvia que la arena preñada de rocíos
este barco de ninguna párte y el eter,
el eter donde se envuelve el desencanto de una lira.
Yo veo el mar y es sólo un preso de mis ojos
un dios que no puede despertar
un camino desesperado entre la soledad
la furia de cualquier vaticinio
el eco donde huye la arena
donde todo equinoccio busca rehenes
labios insomnes como aquella letra
indomable en el sueño de verdugos de ceniza,
candelabro que arañas el devenir de la playa
cuando los espejos y aros
son escamas y pestes
arrojados por la pubertad a las piedras.
Ruidos y silencios de todo lo que no he podido
hundir hasta esta mañana donde liba el deseo
un cantaro de cartas sin ninguna palabra
la espada de mi silueta cortada por una mantis
y la virgen recogiendo la piedad entre sombras.
Pesa más el viento de los angulos
la citara de un mago sin angeles
el color que empieza desde lejos
conjurando silabas mitològicas
llaves como luminosas heridas entre la noche
buscando un cuerpo describir
la vida.
Guillermo Isaac paredes mattos
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