Entre purezas la lluvia
confesando en su primer latigazo
el vahido
clarinadas de voces
trompetas donde el sonido es pifano y estrella
eco como el alba de un mágico homicida
aquel que ofrece latitudes de muecines a la muerte.
Y què baltico fuera presumir ante mi boca
relatarle cada resto de una batalla
las cenizas que huyen entre los sonidos
la intenciòn de la sangre convirtiendose en palabra
y què nautico ser más astral que un planeta
boreal como un oso
inmensidad de granizo como helecho
semejante al tripulante que retiene una virgen
una estela de humo en los vortices del molino
por ombligos de mar cansados en una botella
en una piedad
en una emblemadura de cardos
de narices que intentar poseer un fantasma.
Pero esta camina lucido y desesperado
hasta la niebla.
Ese es el primer estadio
del poema.
Guillermo Paredes Mattos
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