Un dìa
es sólo en la existencia del ala
donde se bate contra el sueño un corazón.
Recuerdo que entre visiones iluminaban heraldos
la escalera invisible de toda reliquia
el canto que profana brújulas
y montaraces memorias en la pisada.
Pero hemos visto perderse lunas que jamás
se involucran,
astros que no saben como detenernos
que apenas pueden escoger un aliento
en el hemisferio y pervierten raices
de fuego y de mercurio en sus balsas,
manantiales que agitan extrañas promesas
y elucidan numeros para algebras de miedo
para desencantos ruines
lejos del amor y el pensamiento.
Desde el cristal yo renuevo
mi música de astros y es vieja como un arlequín
en las paredes
estentorea como un crepitar de algas en las murallas
encantadora de chimeneas cuando aplaza un cenit
su espera de tinbres inocentes con la muerte.
Dudas de cierto número, de aquel que es puerto
una cosntelación desciende mientras cae un huerto
una luz que forma centellas en los labios
una superficie que esconde la divinidad de la tarde
y entonces se hace postrera para renacer
cualquier pupila
y tomo un navío, sólo uno
para defender mis angeles y demonios
de las piedras.
Y porque asi lo dicta el infierno.
Guillermo Paredes Mattos
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