Sobre esta pupila el mar es como un rostro
donde a veces la luna, donde a veces extravismos:
un confin de calles profanas
derramando dientes
enuna llave.
Lazos de agua sobre un desgraciado
que ilumina su drama de epitafios
y botellas
de halos y nasales escrutinios.
Con él en ardientes piélagos de sueños
arrojamos la verdad a la duda y es castigada
por lo divino.
Desde entonces una mañana
se crìa entre antropòlogos
ninguno me dice, donde lleva este roce
este soplo de barcas e insomnes catalinas
sospechando de naves o amuletos.
Sonido, tú que conoces los barcos
en què muelle se perdieron los míos
en qué lugar del camino persigo
con pies de balance su aliento,
como irà al final a la aurora como mensajero
incendiando el nombre de lo que fue sagrado.
Guillermo Paredes Mattos
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