Recuerdo los colores de un margen en las arenas
y el coloquio de su rito sobre las naves.
Vuelvo a ser la pupila quemando algun lugar,
anciana como todos los planes de mi vida.
La existencia es un pez de mercurio visitando
las tretas ventosas de una calle
donde irradiaba el plenilunio
un pensamiento rozado por lubricantes
de auras, batiendose en bengalas de huesos.
Pero sigo siendo el recuerdo que no tiene memoria
la pericia del mal sobre los invasores y el lecho
de un vàndalo que escribe soliloquios
sobre nauticas espadas.
Recuerdo los colores pues soy hijo de mancias
la epistola de un relato sucediendo en la marea
la mistica de una veleta inclinando el jardín
de un niño en su cuello,
ese que oprime sus venas sin porder desangrarlo.
Hace tanto tiempo me vencí en los caminos
pero cada noche un enemigo dentro de mí me invita
a otra tèmpano
los parpados son testigos de mi frìo.
No quisiera pero estoy encima del dorso,
nací debajo y en parsimonias de lo vertiginoso
ningun ademán es posible
si no es aquel que dice adioses en sus rastros.
No tengo casas ni botellas para celebrarlo
pero es continuo predecir entre gotas risueñas
riendo ente el furor de una calle.
Y es continuo escribir de espolones
recoger un mago que nace sin relentes
como un caliz redentor de vicios y catedrales.
Que jueguen los centauros en tus ojos
es sólo una pupila,
invernar en los brazos de una pantera
es invadir dinastias,
donde una melodía de muñeca sumerge en ritos
con el desvarío
la lucidez del alma en una pertiga.
Es entonces que vuelvo al corazòn
a ese que marca el compas del pulso en mi nombre
sin conocerlo.
Manchandolo de barro.
Coronandolo de pus en mis sienes.
Guillermo Isaac Paredes Mattos
No hay comentarios:
Publicar un comentario