sábado, 25 de agosto de 2012

El Oxigeno de la Luna







 
Temo a la arena que no sabe decir su nombre y una voz espera,
temo al fragor de un duende acariciando su derrota
con el amor de un desgraciado y temo, acaso no lo sé
a la vanguardia de una marea rodeada de campanas,
donde rueda el tañido. Un páramo lejos, un vidrio de luces
donde el mar anduvo, qué sé yo de mi alma, pero río, miro
y siento como una aguja antes de atravesar el ojo de la arena.
Dame la tregua cefiro que està ebría de horizontes, conozco
sus abismos, la silueta de lo milenario donde ella era un árbol
y yo el viento que la acariciaba. Acaso piensas que el agua
està en tu cuerpo divisando el lugar hasta tu corazón, acaso
has visto las ardientes maravillas que caen de noche.
Soy tu naufrago creación, asi lo quiso ese àtomo que me mira
y sonrie y después camina hasta los dioses para consolarse.
Te entrego este pétalo, la rosa es para mí. La acaricio, la bebo
con la sed de quien no va saciarse, no busco lo eterno, no busco
quedar entre fuentes para que una estrella me mire, quiero
mi voluntad al lado de los ríos, quiero mi sangre abriendo sus
venas al lado de los pájaros y si no llegua, que canten entonces
los mananatiales mi suplcio dorado, ese aire azul fascinado por cada momento,
este es mi soplo, vibra gemelo en aire de naves que cuelgan del cielo.
Llevo el secreto de mi propia carabela, hundo el misterio en mi alma
antes que sus espadas toquen mi vida, hundo más allá mis ojos
donde para mirar no hay mirada, donde para amar no hay amor,
donde para tocar no hay manos, te dejo si es que sabes contemplar
la noche y viajar en su contemplación, hasta el aullido de un lobo
convirtiendo en ceniza todo lo que toca.



Guillermo Paredes Mattos
 

1 comentario: