Como buen sacrificio dejo para el hombre todo lo invisible
y guardo para mí lo que tiene que ser desenterrado.
Hay un pergamino que lleva muchos trenes
que rompe traviesas como si fueran cristales.
Hay una hoja donde los vientos reciben una corriente
que deja atrás el roce de una hoja, el hilo de la savia
sobre todos sus juramentos, la resina de una treta
donde alude victoriosos astros vanidades de mafias.
Celo, què transparencias indagas en el agua, soy
el calendario rojo de un amanecer sin barcos,
la fórmula sin nombres dentro de la palabra
el verbo retomando al silencio su latido de bosque,
su luna enferma mordiendo naftalinas, presencias
como el mal o una corriente vieja como un duende,
emergiendo entra las cúpulas celetes narcoticos
temblorosos miradores para la penumbra,
allí donde todo es olvidado, sumerge el lirio
el pétalo donde alguna vez vibraba la rosa,
su corazón desnudo como el mar, su superficie
que tensa motines para el viento y
el ala cruxificada que presagia, tìteres o
margenes para cualquier sonido
sesgando monólogos, bastiones, represalias.
Como buen sacrificio no tengo que acariciar ningun solsticio
Sòlo es necesario encontrar otro nombre.
Guillermo Paredes Mattos
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