Era un sacrificio.
La luna aventaba espírales sobre marte
y una calle de argento discrepaba con
relaciones donde fue un pudor la frente,
una delicia donde el horror jugaba con el canto
y la poetica de un astro dedicada a las cuevas.
Y aquí donde cabe una prisa están los ojos
de un juguete
reminiscentes entre papeles de un caminante
donde el periplo evoca su labio de aguja,
el itinerario perverso del sigilo
cuando mi desprecio por
el devenir
lo ùnico que logra
es darle al halo.
La primavera del enfrentamientos
y los sauces.
Oficialmente anhelos de
tempestad en una gota.
Dirigiendose tranquilamente a
su abismo.
Guillermo Paredes Mattos
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