Mi prudencia libera cortinas entre sus demonios
al cielo y entre ellas la lluvia
concede maniobras como la niebla o el granizo.
Pero me levanto de todas las torturas
y escucho nombrar presidencias
debajo del barro
en el respiro del arnes
o la morfología de una estela dejada
por los barcos en una liendre.
Ah... quién es la espora de este silencio,
su pulmón de agua
su vertebra de aluminio
hay, en este enumerar algo que se presiente
sin alas
y sin embargo el cielo es lugar de
su escena
de su función de llaves que abren
contiendas
delicias de un faro
sosteniendo distancias
para que lo lejano no muera.
Redes de equinoccios para
mis trayectorias
este pudor es verguenza
de esa sepia tan irregular en la silaba
en el aire de corrientes que calzan
polainas como el eco
o el astro descolgandose
entre albuferas
de esperma
conducidas por el viento.
Por ese archivo que clama
despedidas en cada respiro
en cada huracan
y en cada saliva de centella
su huida es diaspóra sagrada
reliquia que resuelve ecuaciones
de abismo para lo divino
porque desde allí es elevado.
Igual como eleva todo el destino.
Guillermo Isaac Paredes Mattos
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