Como un botín trasluciendo el encanto, su enigma de aro
su cristal dentro del relámpago herido de la corte
en el reino de nieves azuladas por lo remoto.
En el hay de una distancia que persigue cada trèmulo
la dinastía de bronces que contemplan sus lastres
idolos de cisnes cetrinos y reos de mis labios.
Como rehenes de cadalzos entre las ciencias
vuelvo a jugar entre pubertades de agua, fiel
al idilio de contestarme sólo máquinas de cohortes.
Fieros corceles partiendo desde las mejillas
nombres de algas y acuarios cuajando alisios
guturales aluminios retando fornidas dimensiones.
Fatales presas de encanto, fascinadas por ojos
que miran la savia presumir de montaraces
pisadas de manos en supeficies de rostros.
Presencias de sombras que aluden en el sueño
oráculos pervertidos sólo por mi ignorancia
soy un hijo de este tiempo errante y sin brújulas.
Moderno al pisar el barro de mi burguesía
inhalador de presas, domador de cometas
implacable al buscar en el hilo mi retorno.
Soy la angustia que bebe en sus manantiales
el estro de la calavera que atraviesa chimeneas
la brisa de un palco donde se mira un bolido.
Caigo igual que las piedras, sólo a lo profundo
me busco como el mar, entre lo insomne
penetro lo que no tiene nombre, desde el verbo.
Llevo bastardas siluetas, ninguna ve mi parpado
hundirse en manivelas de extraños dirigibles
en madrugadas de cansancios y caros nibelungos.
Cuando es feudal el despertar como un circo rojo
como una ciudad defendiendo en la arena sus aguas
sin saber que respiro agonizante de amor en sus mareas.
Guillermo Paredes Mattos
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