miércoles, 29 de agosto de 2012

El Horror de las Libèlulas






En la temeraria luna de mis dedos
junto a la ambición que profana sus trajes amarillos
y desciende entre luces de profundas llamaradas.
Cuando no hay que escribir sino es en perihelios
y todo alude a ciclos de labios con los craneos
con aulos contemplando herejías entre rabinos
que la  arena sobreentiende en las ventanas.
Pupilas ardientes de nieblas
de tempestades en el ojo de un escarabajo
o una familia de lluvias representando trapos.
Cuando hay que morir cerca del fuego
igual a ocurrencias de espuma, como aquí en la albufera,
donde mi adverbio de agua es relato de gerundios
estruendos como el viento de un espíritu
rastreando naves
sortilegios de extravismos
o el conjuro de un periplo cuando cae al horizonte.
En la temeraria voz que inunda su ambición
de iconos
y huye de masacres cimbreadas por insinuaciones
de latidos rotando en abejas y lampos.
Esta es la rosa de una brújula que navega en cadalzos
la bruma que juega diciendo que los òpalos
son el vasto criminal que cae de los poros
con esa gravedad de sarcofago
con ráfagas de proclive intensidad
disparando eximios faroles de venados.
Donde una serpentina trasciende
el horror de una libelula.


Guillermo Paredes Mattos

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