miércoles, 29 de agosto de 2012

Ideas Abstractas de la Luna






Para el cielo son crines, murallas donde es sepultura
el horizonte.
 
Luego un halo nos separa y decimos que una gruta
suspende su racimo
en el agua.
 
Debería, aunque no pueda colgar de las paredes
ni estampar algo como un manuscrito
en los anillos.
 
Como un hecho me desenvuelvo en los aires
y convoco al mar antes que a mi pensamiento.
 
Acaso lapida un hado que llega de mis sienes
la estela de un animal sobre los trenes
y acaso
el hilo de un corcel teje
en sus batallas equinoccios.
 
Porque en cada idea de la luna hay un ciclo
con la ceniza
y aunque respire para que el aire se pierda dentro
de mi cuerpo
hay un pedazo de él que huirá hacia el cielo
para convertirse en ráfaga.
 
Para el hemisferio son crines esta distancia
donde provengo de metales
y miro en cada átomo un destino
una falange esculpiendo lo divino en los dedos
y debajo de la sangre.
 
Quiero un nombre para no repetir en mi boca
la saliva de alguna ciudad dominando su lenguaje
en el grito de los árboles
busco un minuto que no tenga la voluntad del tiempo
ni el desmayo rebelde de una historia de sal
aquella que la experiencia agita cada noche.
 
Estoy como el exilio de una treta
en los purgatorios de la ironía y aunque conozco
apenas de donde proviene la llama
sé que si la convoco
mis manos arderan como el fuego.
 
Suplicio de un recluta en la arena
masticando nodrizas que huían entre percusiones
de lirios y de cartas.
 
Sí, es posible que deje de oirme para empezar
a cantarte
que una tradiciòn no nace empujando los ojos
o masticando silabas entre la arena.
 
Es algo como cerrar las puertas de un sueño
para en él quedarnos.
 
Quiero que mis sentidos no te conviertan en polvo
dejo para el amor ese trabajo.
 
Pero quisiera grabar una de mis huellas
en tu cuerpo.
 
Y a su lado la idea màs abstracta de la
luna.
 
 
 
Guillermo Paredes Mattos



El Vibrar Plateado








Cuando abro los pétalos ninguno tiene mi mirada y eso de caminar como un  angel se parece a la lluvia.
Mis estimulos -subterraneos y de barro- consumen praderas conquistadas por la luna y aunque sé que jamás vibraré como un astro, finalmente vibro como un alma.
Yo creo demasiado en las praderas, vi morir bosques de sangre en mi soledad por ello oigo más a las venas que al universo y si me derramo es para templarme desde alguna ignorancia. Pareciera ella el canto de una inocencia, un camino de niños que emanan sus sueño en ventanas de espuma, aquellas dejadas por el agua en las ciudades cuando regresa a los mares.
Cuando abro los pétalos me dices que es el cielo donde debo buscarte y algo como un cristal vuelve mis entrañas transparentes y asciende, lejos de mí, igual como una centella cruzando el infinito y desprendiendose de alguna estrella que camina hacia la muerte.
Todo ello cuando abro...
Guillermo Paredes Mattos

El Tràfico de los Astros







Como un botín trasluciendo el encanto, su enigma de aro
su cristal dentro del relámpago herido de la corte
en el reino de nieves azuladas por lo remoto.
 
En el hay de una distancia que persigue cada trèmulo
la dinastía de bronces que contemplan sus lastres
idolos de cisnes cetrinos y reos de mis labios.
 
Como rehenes de cadalzos entre las ciencias
vuelvo a jugar entre pubertades de agua, fiel
al idilio de contestarme sólo máquinas de cohortes.
 
Fieros corceles partiendo desde las mejillas
nombres de algas y acuarios cuajando alisios
guturales aluminios retando fornidas dimensiones.
 
Fatales presas de encanto, fascinadas por ojos
que miran la savia presumir de montaraces
pisadas de manos en supeficies de rostros.
 
Presencias de sombras que aluden en el sueño
oráculos pervertidos sólo por mi ignorancia
soy un hijo de este tiempo errante y sin brújulas.
 
Moderno al pisar el barro de mi burguesía
inhalador de presas, domador de cometas
implacable al buscar en el hilo mi retorno.
 
Soy la angustia que bebe en sus manantiales
el estro de la calavera que atraviesa chimeneas
la brisa de un palco donde se mira un bolido.
 
Caigo igual que las piedras, sólo a lo profundo
me busco como el mar, entre lo insomne
penetro lo que no tiene nombre, desde el verbo.
 
Llevo bastardas siluetas, ninguna ve mi parpado
hundirse en manivelas de extraños dirigibles
en madrugadas de cansancios y caros nibelungos.
 
Cuando es feudal el despertar como un circo rojo
como una ciudad defendiendo en la arena sus aguas
sin saber que respiro agonizante de amor en sus mareas.
 
 
 
Guillermo Paredes Mattos

El Jardìn de un Barco





Uno cree mientras la espuma representa sus voces
en cada cresta
y la resina de un ala envuelve el papiro de una insurgencia,
transparente en el enjambre de este silencio,
soplando en el cenit de una avenida
disputando un ocaso.
 
Mágicas milicias de este vertedero, mi sombra
sigue siendo una silueta
un idolo y un heraldo formando en el barro
su ceniza,
su estío donde los pétalos son también madrugadas
y conforman las ciudades un eter de proas
que envuelven distancias,
con los dedos creando en sus papeles terciopelos.
 
Son horizontes entonces lo que sumergen las pupilas
son iris insomnes apresando una montaña
un celaje de hoyos,
una presencia sosteniendo la realidad entre su sueño
cuando la noche es la abstracción mas pura
de todo el universo,
y la vida el pensamiento mortal
ante el cual pliego un otoño y todo huye al principio,
a los barcos donde conforme a lo desconocido
la tierra se inventa,
como un planetario de estrellas
que son guiadas al infierno por los astros.
 
 
Guillermo Paredes Mattos

El Horror de las Libèlulas






En la temeraria luna de mis dedos
junto a la ambición que profana sus trajes amarillos
y desciende entre luces de profundas llamaradas.
Cuando no hay que escribir sino es en perihelios
y todo alude a ciclos de labios con los craneos
con aulos contemplando herejías entre rabinos
que la  arena sobreentiende en las ventanas.
Pupilas ardientes de nieblas
de tempestades en el ojo de un escarabajo
o una familia de lluvias representando trapos.
Cuando hay que morir cerca del fuego
igual a ocurrencias de espuma, como aquí en la albufera,
donde mi adverbio de agua es relato de gerundios
estruendos como el viento de un espíritu
rastreando naves
sortilegios de extravismos
o el conjuro de un periplo cuando cae al horizonte.
En la temeraria voz que inunda su ambición
de iconos
y huye de masacres cimbreadas por insinuaciones
de latidos rotando en abejas y lampos.
Esta es la rosa de una brújula que navega en cadalzos
la bruma que juega diciendo que los òpalos
son el vasto criminal que cae de los poros
con esa gravedad de sarcofago
con ráfagas de proclive intensidad
disparando eximios faroles de venados.
Donde una serpentina trasciende
el horror de una libelula.


Guillermo Paredes Mattos

La Rosa de los Nombres






Como buen sacrificio dejo para el hombre todo lo invisible
y guardo para mí lo que tiene que ser desenterrado.
 
Hay un pergamino que lleva muchos trenes
que rompe traviesas como si fueran cristales.
 
Hay una hoja donde los vientos reciben una corriente
que deja atrás el roce de una hoja, el hilo de la savia
sobre todos sus juramentos, la resina de una treta
donde alude victoriosos astros vanidades de mafias.
 
Celo, què transparencias indagas en el agua, soy
el calendario rojo de un amanecer sin barcos,
la fórmula sin nombres dentro de la palabra
el verbo retomando al silencio su latido de bosque,
su luna enferma mordiendo naftalinas, presencias
como el mal o una corriente vieja como un duende,
emergiendo entra las cúpulas celetes narcoticos
temblorosos miradores para la penumbra,
allí donde todo es olvidado, sumerge el lirio
el pétalo donde alguna vez vibraba la rosa,
su corazón desnudo como el mar, su superficie
que tensa motines para el viento y
el ala cruxificada que presagia, tìteres o
margenes para cualquier sonido
sesgando monólogos, bastiones, represalias.
 
Como buen sacrificio no tengo que acariciar ningun solsticio
Sòlo es necesario encontrar otro nombre.
 
 
Guillermo Paredes Mattos

martes, 28 de agosto de 2012

Condiciòn de Insomnes Escritutas










Si pudiera decir que el mundo está muerto
que es un pensamiento de agua o una formula de espumas
incendiando los barcos y los mástiles de mis ojos.
 
Si entablaría pétalos en todas las tinieblas
y la araña me diría como se tejen los huepedes
cuando la soledad nos prohibe naves y planetas.
 
Y oiría entre rastros lo que anduvo tras el sueño
indagando entre la despedida y el aura del desierto
sobre su voz de animal arrastrando la lluvia.
 
Si el exilio fuese el árbol donde recoge la espuma
su periplo de astro desenfundando alquimias
voces de juglar que planta ecos en tripodes azules.
 
Y en cada rapto concebiría el agua su puñalada
en el eje de un destino que cicatriza melodías
amputando el sol en una piel de probetas.
 
Si este dedo fuera el mar y el arenal del iris
el mundo donde quitò a la imaginación una hoja
un sepulcro que gira donde empieza el horizonte.
 
Y podría empujar crestas pero de desertores
de principios que anuncian las crines del ocaso
paciencias que esperan los frutos del delirio.
 
Si en cada projimo fuera de piedra
y en la diferencia de un halo, inqusidor de bosques
cumpliendo crisoles de apuntalamientos.
 
Y correría en entonces de algas y pápiros
igual a condiciones  de magia y columnas,
citaras de metal en el iris de los elementos.
 
Si pudiera el devenir rodearse de puertos
de dolientes compañeron que amaron las agujas
y se entregan de noche al huerto del camello.
 
Si todas èstas cosas aquì escritas, como yo
pudieran.
 
 
 
 
Guillermo Paredes Mattos

Los Nomadas de Asfalto








La espuma del halo. El mar incendiaba por mì
una idea y representaba la luna
un todo de cometas.
 
Decía el drama que el cristal se pierde
en una hoja
que el pregamino levanta una cita con
la voluntad
descubriendose en el hilo de un amanecer
de mafias.
 
Yo recuerdo traversas comparados por la delicia,
la ventana donde un gato dejaba
trampas a la lluvia,
el retorno donde un cuervo posaba el azul
y deliraba.
 
Ah, ciudades de polvo aún embarran mis iris
mi conocimiento desplaza en todas sus cabañas
el pielago insomne de su exilio.
 
Soy un barco que invoca mares en sus medanos
una demasia del que surge oyendo en
las banderas
el cuarzo emergiendo en la crepitación
de la ráfaga.
 
Mi dimensión es posible aún si su corazón
fuera de helecho
mi piedad de membranas aún si sus cristales
fueran ciegos
mi intensidad como un astro
a pesar que mi ciclos provinieran de
antropofagos.
 
La espuma como una tempestad: señales
de espejismos en notas
de un suburbio con la experiencia.
 
Pero detenme en un lado insomne
cuando el estilo del mar semeja
la belleza y el hecho de la noche
me canta que ha sido dividida
para que exista una en cada ojo.
 
Deten esta espera que mi poetica
no se convierte
en una hoja
su ironía es de sal y abre pergaminos
sólo para el sueño
y mi corazón como un verso
puebla ciudades.
 
Ciudades de ensimismamiento
y crateres.
 
Tan, pero tan cerca
del asfalto.
 
 
Guillermo Paredes Mattos

Idea de los Naipes






Con el legendario castillo de los naipes
desolado mientras despunta el ojo
entre lirios de arcanas diferencias
con la luna.
 
Con un mar sin recordar que nos rendimos
a la arena.
 
Que las distancias son palacios de viejos colosos
y el amor es el ritmo
de las tinieblas dentro del entrenamiento.
 
Y no hay cita con los prófugos
como mirmidones de claveles con el miedo.
 
No hay historias de estelas que conozcan
de los árboles
el brillo resbalando de la copa.
 
Miro la pasión porque está llena de bosques
porque silba como la soledad
un día de venas
mientras urden esquinas inquisidores de balas
unciones como el albur o el vacío
oprimiendo una verja de arsenico.
 
Pero aquí el hado representa funciones de agua
máquinas como el deseo derrumbandose
formas de espera donde sigilizo el vertigo
hunde su puñal de meridiano.
 
Vigilia del que humedece colinas en sus pupilas
del que no cree en cabelleras de polvora
y plenilunios
.
Aguardo nada más el festín de una corola
la cresta del mar entre mi pensamiento
el legado de la imaginación
como un relámpago.
 
Y soy una silla que da su rostro a una ventana
el caliz de una adolescencia sometiendo pañuelos
y listas de manantiales con la nada.

Es decir, el aborto màs docil
de la naturaleza.




Guillermo Paredes Mattos

sábado, 25 de agosto de 2012

Epitafio de los Vàndalos






 
 
Recuerdo los colores de un margen en las arenas
y el coloquio de su rito sobre las naves.
Vuelvo a ser la pupila quemando algun lugar,
anciana como todos los planes de mi vida.
La existencia es un pez de mercurio visitando
las tretas ventosas de una calle
donde irradiaba el plenilunio
un pensamiento rozado por lubricantes
de  auras, batiendose en bengalas de huesos.
Pero sigo siendo el recuerdo que no tiene memoria
la pericia del mal sobre los invasores y el lecho
de un vàndalo que escribe soliloquios
sobre nauticas espadas.
Recuerdo los colores pues soy hijo de mancias
la epistola de un relato sucediendo en la marea
la mistica de una veleta inclinando el jardín
de un niño en su cuello,
ese que oprime sus venas sin porder desangrarlo.
Hace tanto tiempo me vencí en los caminos
pero cada noche un enemigo dentro de mí me invita
a otra tèmpano
los parpados son testigos de mi frìo.
No quisiera pero estoy encima del dorso,
nací debajo y en parsimonias de lo vertiginoso
ningun ademán es posible
si no es aquel que dice adioses en sus rastros.
No tengo casas ni botellas para celebrarlo
pero es continuo predecir entre gotas risueñas
riendo ente el furor de una calle.
Y es continuo escribir de espolones
recoger un mago que nace sin relentes
como un caliz redentor de vicios y catedrales.
Que jueguen los centauros en tus ojos
es sólo una pupila,
invernar en los brazos de una pantera
es invadir dinastias,
donde una melodía de muñeca  sumerge en ritos
con el desvarío
la lucidez del alma en una pertiga.
Es entonces que vuelvo al corazòn
a ese que marca el compas del pulso en  mi nombre
sin conocerlo.
Manchandolo de barro.
Coronandolo de pus en mis sienes.
 
 
Guillermo Isaac Paredes Mattos


 

Jardìn de Vidrio






                                                                 
                                                                                                                   
 
 
Ningún pájaro es errante en mis ojos como
lo es la espuma.
Y llevo en mis labios el movimiento para que
viva una palabra.
Sé que el mar es como una serpiente y que la niebla
desciende de lugares temblando en los iris de una laguna.
Que en cada color la ceniza es un heroe
sin lugar en mi avenida de brújulas.
Que alguna aurora nos embarramos de trenes y las sienes
comulgan su artificio entre el granizo
a pesar de los tantos cristales.
Porqué será la poética de cualquier esquina
la imagen de un día entre inmortales.
Y desciende del árbol esa retórica de ramas
desechando universos de hojas.
Porque aún cuando caen a la tierra conducen
a la muerte un enigma.
Si pudiera extrañaría ese polvo en cada principio.
Y si pudiera oiría en mis sienes
el pífano de un ala que rompe su pubertad
en las mareas.
Pero vivo cerca de pièlagos cuando se mueven mis piernas.
Y soy cerco hemisferico cuando algo en mi frente
vuelve a edificar lo que toca
hasta un eco de vidrios asaltando pócimas
de estelares probetas.
Me recuerdo más entre la duda que entre ángeles.
Este momento es el último que la aurora
ha dejado en la balanza de mis heridas.
Sólo mi sangre puede pesarlo.
Mi equilibrio dista de mí, como disto de él
y ni siquiera en ellos puedo hablar de distancias.
Una imagen es la pradera de un proa sentada
en mis piernas.
Como un adolescencia que jamás ha pecado.
 
Yo no he perdido el infierno. Me basta morder mi boca
para tocarlo.
 
 
 
Guillermo Paredes Mattos

Narraciòn del Desasimiento




Nada es demasiado extraño como
para incrustarse.

Buscar un prado que sea tambièn
bosque en el corazòn.

Nada es tan impresionante como
la desolaciòn.

La razòn del hado al abandonar
la conciencia.

Nada es tan luminoso como el
aprendizaje del sueño.

Aquel que la realidad convierte 
en dìa.

Y tù puedes verlo.




Guillermo Paredes Mattos

El Oxigeno de la Luna







 
Temo a la arena que no sabe decir su nombre y una voz espera,
temo al fragor de un duende acariciando su derrota
con el amor de un desgraciado y temo, acaso no lo sé
a la vanguardia de una marea rodeada de campanas,
donde rueda el tañido. Un páramo lejos, un vidrio de luces
donde el mar anduvo, qué sé yo de mi alma, pero río, miro
y siento como una aguja antes de atravesar el ojo de la arena.
Dame la tregua cefiro que està ebría de horizontes, conozco
sus abismos, la silueta de lo milenario donde ella era un árbol
y yo el viento que la acariciaba. Acaso piensas que el agua
està en tu cuerpo divisando el lugar hasta tu corazón, acaso
has visto las ardientes maravillas que caen de noche.
Soy tu naufrago creación, asi lo quiso ese àtomo que me mira
y sonrie y después camina hasta los dioses para consolarse.
Te entrego este pétalo, la rosa es para mí. La acaricio, la bebo
con la sed de quien no va saciarse, no busco lo eterno, no busco
quedar entre fuentes para que una estrella me mire, quiero
mi voluntad al lado de los ríos, quiero mi sangre abriendo sus
venas al lado de los pájaros y si no llegua, que canten entonces
los mananatiales mi suplcio dorado, ese aire azul fascinado por cada momento,
este es mi soplo, vibra gemelo en aire de naves que cuelgan del cielo.
Llevo el secreto de mi propia carabela, hundo el misterio en mi alma
antes que sus espadas toquen mi vida, hundo más allá mis ojos
donde para mirar no hay mirada, donde para amar no hay amor,
donde para tocar no hay manos, te dejo si es que sabes contemplar
la noche y viajar en su contemplación, hasta el aullido de un lobo
convirtiendo en ceniza todo lo que toca.



Guillermo Paredes Mattos
 

La Reminiscencia del Abismo






Era un sacrificio.
La luna aventaba espírales sobre marte
y una calle de argento discrepaba con
relaciones donde fue un pudor la frente,
una delicia donde el horror jugaba con el canto
y la poetica de un astro dedicada a las cuevas.

Y aquí donde cabe una prisa están los ojos
de un juguete
reminiscentes entre papeles de un caminante
donde el periplo evoca su labio de aguja,
el itinerario perverso del sigilo
cuando mi desprecio por 
el devenir 
lo ùnico que logra
es darle al halo.

La primavera del enfrentamientos
y los sauces.

Oficialmente anhelos de
tempestad en una gota.

Dirigiendose tranquilamente a
su abismo.



Guillermo Paredes Mattos