Sobre el estuario
dejo al mar un soplo, el cefiro
que inclina ante la espuma su veste,
la oración que en la cresta se une a un hombre
para convertirse en un sueño.
Citaras son donde descansa el laberinto,
donde las entrañas vuelcan tuneles y esperas,
el sagrado celaje donde mora mi ansia
y cada amanecer
la aurora desciende a despertarla.
Desde ella vi partir a los pájaros,
en su velo oí el gorjeo y el cenit me trajo cenizas
que no eran dioses,
donde la eternidad encontraba hacia el abismo el camino
y en ésta la voluptuosidad aguardaba.
Sobre la escollera,
donde la aurora desciende despertando mi deseo
donde la vida se entrega desesperada a la muerte
para ser convertida en un reino y una herida
en la monarquía que encierran transparentes palacios,
aquellos que en su vida conduce el viento,
los que inundan la brisa de ensueño y tormenta
los que descubren que el latido es sólo un festín
y la crisalida
el ansia más secreta anhelando las alas de una mariposa.
Allí donde teje el universo el ruego de una mirada,
acechando la tregua que deja la espuma
en los labios
después de haber sido derrotada.
Guillermo Paredes
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