miércoles, 27 de noviembre de 2013

El Corazón de Cera




El Corazón de la Cera
Trampa celeste, insomne cuerpo del día. El azul en ti era un color que recordaba epitafios y el extravismo sugiere el tinte de un halo o el dominio de ese trance adhiriendo trotes profanos con la sabiduría.
Pero no la quiero.
La sabiduría es un don alado y los pájaros muerden el movimiento hasta caer por los labios, la sabiduría crece entre jínetes y si la luna es palida como el espejismo, debería el mar esconder una ética antes que las huellas dicten moralismos en esas venas.
Trama de orcos, purgatorio de esta imagen precendiendo al mar y a todos sus uniformes, sabrás tú que después del corazón está el rocío y el follaje es un craneo de albumina, un texto de acromiónes, significando la mandibula de cualquier desierto, el rito de esa conjugación extenuandose en el simbolo del alfasto.
Y entonces nos marcan alboradas el rio del palacio y mora la epoca en nuestra frente como un disturbio que ya no comprendemos, como una rueca de circulos que temen liquenes con las constelaciones, fábricas de sed para la osadía cerca del desierto.
Asi, antes del miedo la hojarasca puede decirnos donde queda el último invierno y hasta los árboles y su lenguaje sin imagenes, desciende como un tropo de estilisticas, mudas al despertar, mudas como el sueño, si se unen brújulas es precisamente para no poder encontrarnos, cualquier norte es espejismo.
Y en cada libación, en cada espejo, en los ruidos del nombre, en la tierra de ese universo acabado por la idea, en los caballos y los carbones, todo indicio no sabe como morir en la orilla y entonces nos recogen historias de lumenes, cadenciosos bastardos de ese legendario espacio con el reto.
Trampa de hemiferio, tu humor persigue manantiales y fuentes son corazas de sobrevivientes, si vimos fue para educar a los ojos, pero no hay mentira en ellos si no es cuando la realidad es destreza del mal entre arbustos de plata, soluciones de cobre donde una distancia de hierro procede antes del huracan y el jurado de la musa.
Por ello entre cruces de gobiernos y llaves el aura camina hacia la mejilla, dislocado, recogiendo el petardo de los petalos, musitando las veces del tallo, hasta esa emoción que hoy discierne en este parque, la armonía de estas intuiciones: su extraño corazón de cera.


Guillermo Paredes 

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