domingo, 24 de noviembre de 2013

Al amparo de la aurora





 
Pienso en un sueño, al amparo
de esta mañana, del rocío en mis labios
y el gorjeo que ilumina con su sonido la ráfaga,
me hundo allí, mientras el celeste va tomando su lugar
en el alba,
y todo canto, es el fruto que cae en las alas
de la creación,
como en la orilla una ola.
Recuerdo en él la noche que jamás he descifrado,
la que dejé pasar, aquella que hoy me llama
desde sus cenizas,
como un recuerdo que sólo la memoria de lo divino
contempla,
que sólo en ese lugar es ofrecida a la nostalgia.
Tomo esa melancolía en mis labios
ofrezco a su soledad este beso,
precipicio de luminosos amaneceres donde aprendí
del mar, desvelo de remotos horizontes
donde el dolor se hizo dolor para esperarnos,
laberintos de mágicos silencios,
donde sólo dios pudo tomar el camino de regreso
y aquí sobre la espuma su corazón ansío,
su respiro convirtiendose en jadeo
mientras el agua lo sepulta entre la soledad
de cada hoja, de cada tremante
jurandole al terciopelo ese canto que entre los hombres
divisa eterno, la corriente que hoy nos clama
que hoy busca en cada uno la estirpe,
la vida de los astros perdiendose en el infinito
y ese horizonte donde elevé mi cítara
para que sólo un cielo pudiera encontrarme.
Me extiendo como ayer sobre el pubis de un extravío,
abro en él lejanos reinos y aquella leyenda
que en mi cuerpo inicia el camino,
penetro a su lado el tiempo donde el capullo
es herido por el mar
y convertido en una rosa deja a las espinas
un manantial de nieve, una madrugada de llantos
todos buscando esa creación entregada a reconocer
su amor entre los astros
y donde para un alma, empieza el destino.
 

Guillermo Paredes Mattos
 

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