Emerges entre salvas de cielo y el blanquecino
despertar de un iris en la aurora.
Este es el principio,
la madrugada posa el légado en el hado
y desciende sobre copas y piélagos,
sobre la corteza de un tronco,
donde la humedad convirtió en savia sus venas
y ésta aguarda el sol de un mediodía,
postrando en si una brillo
incluso la mirada que no lleva en sus pupilas el hemisferio.
Oh remoto demiurgo de la superficie,
en ella giró tu soledad y la brisa,
te trajo el rocío de un invierno durmiendo en la copa,
en los lugares más altos del cielo,
allí donde el hombre no pudo alcanzarlo.
Este es el principio,
nos convertimos en tierra para que la lluvia
se adentre en lo más profundo de nosotros,
esperamos al lado de la rosa
pues es la orilla que alcanza por primera vez
la primavera,
incendiamos el universo al lado de la inocencia
pues ella aún respira olvidando el corazón
y es su alma,
el vuelo del pájaro sin alas
ese que aguarda en las legiones de nuestro pecho,
de esos rios que acercandose a la inspiración
inmolan en el devenir el tiempo,
la noche y el amor,
el tempano donde el frío duerme
esperando en el otoño la partida.
Pero nosotros lo hicimos ya una vida,
recorrimos las heridas y la sangre,
fuimos atravesados por el agua y las espadas,
retuvimos el ultimo suspiro,
y en ese instante nos dimos cuenta que era el primero
e igual que la naturaleza,
los solidos renacen.
Guillermo Paredes Mattos
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