Ajeno el mar, despierto el fuego.
Lo que ha terminado no lleva un nombre
y del mensaje, en un inasible sueño
me separa la aurora,
hoy conduzco tu vida sobre ti,
hoy la quimera parte de tus labios,
y tu sombra continúa cerca de la espuma,
agitada en el ciclo,
y las huellas que dejaron los astros
sobre la superficie.
De luz eres ahora,
tu silueta aparece entre los minaretes
que trafican brisas y mañanas,
y es el horizonte
el santuario de un dorado terciopelo,
ese que sólo amarás.
Muerde el mar mis labios
el destino en él defendiendo el hierro
y las espadas,
jadea el mercenario sobre las esquirlas,
rompe el mar tu beso,
la rama cruje en el peso del pájaro.
Pero ahora que te toco,
la vida lentamente empieza a separarse
en sus griales.
Guillermo Paredes
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