Elegía
Una mañana mis pasos condujeron mi mirada
a la arena,
y descubrí el mar.
En sus olas no se había marchitado el oraculo,
el mismo que fue para otros hombres un día
era este amanecer para mi.
Las olas decían, ante mì toda vida se detiene,
en mis profundidades se inspiraron los dioses,
sobre mi superficie buscaron su destino los barcos,
el ciclo que hoy crees se ha iniciado en tu espíritu
es en realidad el final de un camino
que otros empezaron.
Mañana serán otras pupilas de un hombre las
que me pertenezcan
y tus entrañas buscaran gorjeos y rocios,
con la misma luz que hoy me has encontrado.
Nada dentro de mi corazón está seguro,
por ello huí del hombre, huí de aquel
que se entregaba a la soledad y sus pensamientos,
y tuvo que atravesarlos,
para después aprender a amarme.
No es al final de la vida acaso
cuando unimos recuerdos, imagenes de auroras
consagradas en el follaje,
cantos de un mago invocando el cielo
desde el pubis de una doncella,
no es al final acaso cuando dios nos espera
con una oración en sus labios,
diciendo que todo no ha terminado.
Asi también al final y al principio te aguardé.
tomé la soledad que de ti no pudo tomar la creación,
y te ofrecí estaciones de furia y tormenta
para saber si eras capaz de retenerme
de tomarme en tu corazón,
y en los altares de tu pasión,
como hoy yo te tomo.
Guillermo Paredes
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