Elegía
Sabio el borde que aguardó la noche,
la inspiración en él filtrandose
a través de la penumbra,
el hechizo del pájaro y el vuelo
en las tramontas de la noche,
cuando es nuestro el cuerpo que no nos pertenece,
aquel que ha de guiarnos a la aurora.
Y sabio el que aguarda en esa vida sin tiempo,
aterecido en sus pliegues,
y en la silueta que en una habitación,
inunda la oscuridad
y conduce la sensualidad al fuego
el placer a lo sagrado,
como el amor al infierno.
Guillermo Paredes Mattos
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