Dibujo un mar apolillado,
el roce una araña en los sueños
de un niño,
la ráfaga en el ocaso
que muerde un centauro.
Agito en mi recuerdo,
el miedo que nos ungía cada noche,
ese miedo que nos convirtió
en un sueño
y vivimos lejanos,
solitarios,
bendecidos por el universo.
Quiebro el granizo
de tu leyenda,
salpico de mar tus labios,
tu boca de espuma,
el azar y el milagro
y derramo las fuentes donde
estás dormida,
para que nuevamente inundes
la tierra.
Guillermo Paredes Mattos
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