La religión de Agua
He de conjugar, en todos los suplicios la palabra es el último de los insomnios y va camino de un laberinto invisible, ese que lleva sobre una corola de trozos la desgracia.
Acaso no percibo, todo lo que se fermenta es poetica pero no de poesía, acaso no lo sabía, debo a la presunción ciertas certidumbres de desmayo, ciertas coplas porque la orgía no es disecarse, ni humedecerse, no es perfomance, no es movimiento, tendido en las manos busco el lugar donde el fuego sigue ardiente en la ceniza.
Debo ser una cadena azul, una trayectoria, un subterfugio, decir de mí es tautología, decir de este momento no sé que será. Nada ni nadie va a al encuentro de su holocausto y aunque no creo en apocalipsis, percibo que la visión es angel que destruye todas sus formas y el lenguaje es cópula, retórica de pájaros que distancian el mar a lo lejos.
He de hablar, el diálogo no es un confín, lo profundo empieza cuando cruzamos las superficies, jamás me he quedado en ninguna de ellas.
Uno sabe que en la boca el verbo nunca fue traicionado, para eso está el idioma, los labios siguen gritando, son noches de espina y minotauros, elevan aros, destruyen cadenas y algo en sus pupilas mece el parpado porque la tiniebla es capullo donde el semen aprende de la pubertad y de la nieve.
Ay orillas, que lento el despertar y que sutil el engaño, pero cerca de la miseria hay un demiurgo, descubre sinuosidades, desprende sobre la oración narcóticos, su virtud es derramar libertades que giran una y otra vez en las corazas, yo tengo para ellos solo una pisada, mi silueta no es soledad de hidrogeno, cabellera de minarete, boreal hecatombe del que insinua en los ángulos el postrero apellido.
He de esbozar, el esbozo es posible dentro de una campana, su tañido calibra prisiones de átomos y en esa constelación, el mundo es nautico, porque su universo dice norte aplastando los simbolos de todos los polos.
Contemplo el mar, es la casa del agua, porque dentro de él millones de habitantes nunca me dijeron quien era y las olas son maleficio de mi voz vacía, de mi antro ofrecido sólo al silogismo, no es que sea lógico para vivir, para vivir sólo sé es logicismo. Cuido, relato, trazo vericuetos dentro de los huesos, ellos nunca han de responderme y si cedo al murcielago, siempre es de noche y la divinidad vibra a su lado.
He de extasiar, el desmayo debe ser un plural de cardenas presas, su infantería es columpio y antes que quieras caer por esa varanda voy a ser ahogado por un arte, aunque tenga la noción de un gobierno que esta hecho de acero, de una dinastía de plata y junto a ella, los mercenarios abren sus parpados, son rosados.
Abre tu pecho universo, mis dedos cortan en todos lo cuerpos, no quiero derramar tu sangre, saciado estoy de venas rojas, quiero aquellas que azules inspiran poetas y locos en el hemisferio, quiero sus lugares llenos de trances como la soledad, esa doncella que no tiene leyendas y espera unirse a un hombre para conocer el preludio...
De esos mágicos horrores que iluminan la religión en el agua.
Guillermo Paredes Mattos