Iluminado por un frente de escarchas
tripula el sueño, su color de espuma.
Pero en labios de invisibles celajes
ha puesto ventanas que duermen despiertas en el sueño
y laboran entre iris de corazas para ver arboles de sangre,
follajes de luna.
Superficies de piedra entonces levantan
un cataclismo de aguas al parecer sagradas
vertederos que emprenden veloces extravios
con el sentimiento
con el hado de esa voluptuosidad que dice
y a la vez esconde su secreto.
Pero amo en todos los manantiales
y a veces dejo descolgar a la herida
un peritaje sobre cadaveres azules
esos que orbitan en el cielo de los astros
sobre remotas eras, descansando
un tremante que contempla entre sus
propios pensamientos
el sacrilegio de la lluvia.
Iluminado persigue el universo de un eco
la estridencia llamada por las alas
el aceite de un día de boinas
sobre el lecho seco.
Y es por amor y es también por la luna
mientras la mentira deshace su silencio en el eter,
me tenso en verdades
quizá porque llevan espectros
como la arena
y en cada uno puedo sumergir mis labios
convertirme en barro como si fuera
un cometa. Quizà
porque la verdad no tiene ejemplos
ni puertas que abrir
ni relojes que mirar
en los santuarios de la memoria.
La verdad es asunto del poema
cuando no escribimos.
Guillermo Paredes Mattos
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