Si has bajado màs de una vez por ese sendero
ya no lo digas.
Llamar voces entre naipes de tribus
esbozar caminos entre enjambres de almas
lo dice la luna, el mar es una serpiente de viejos caballos.
Y entonces, si uno recuerda, el suplicio huele
a cresta, su exhalo detiene un limbo
parecido a los techos y cada arena
lava maquinas perversas como sinòpticos
territorios.
Lo canta el nocturno jardín de los dedos
tus manos nos escarbarán jamás los piélagos
ni dirán adios al sueño tus hechos
la experiencia es un trasto que se detiene
en sí mismo y se aleja como una carta,
como un murcielago; una pantera
llena de ciudades y si hay un secreto
está preñado por indiferencias
por el aprendizaje de savias que empiezan
en el alba su desprecio, su lenguaje
que es recuerdo de los astros
reminiscencia de diàlogos con
estalacticas de venus
las que hundense rituales
nihilistas
en las caminatas de mis pomulos.
Guillermo Paredes Mattos
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