Elevaría un pedazo de trueno si el mal fuera
un labio, la boca raida de mis dedos, la uña
de un amanecer borracho como un sol andrògino.
Aprendería a esbozar acusticas macabras e iris
encogiendo muladares de estigmas y polvos
en una asonada de vallas y de homicidas.
Tendría como el sol una posada como el agua
dispararía al angel de todas mis heridas
vería su rostro errante muy cerca de la muerte.
Tendría literas en cada uno de mis árboles
y ensangrentado correría en mis visiones
igual que una entraña en su ejercito profundo.
Daría prioridad a citaras que son romances
ejercicios de un día con sus unicornios
encantamientos de numeros en las figuras.
Oiría protegerse al gurbión de esta amenaza
que esconde el verso en cada delirio,
acercarse a la realidad desde él es una locura.
Contaría la mistica de un plan lleno de absurdos
de coloquios sin raices y albos pensamientos
dirigiendo caballos hacia la luna. Después.
Mordería un veneno hecho de montaraces
estelas que repiten hunos y ciudadelas
invasores de barcos que resuenan en las estrellas.
Guillermo Paredes Mattos
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