domingo, 8 de julio de 2012

La Inaudita Forma









 
Tengo el recuerdo fugaz de una ventana
donde mis labios libaban lluvias entre la indiferencia
y mis pupilas suspendian un angulo del día.
Entonces como una noche de sal era mi sangre
y disputaba lluvias con un símbolo
de pétalos cansados en albas de un rostro.
Decía que la luna era el último lugar de los trenes
que el caballo desplazaba lugares de mástiles hechos
de agua y que un manantial rotaba músicas
de historias como la soledad, como un vacío seco
o el espectro de un cartel con el veneno
una mañana de sepulcros en que mis ojos
palpitaban en un roce de corolas.
Hemos ido ya con una venganza
desnudabamos en cada ceniza
el retorno de un alado germinar
aquel que sabe que el sol es un punto de delicias
pero nada más,
un encantamiento de noches con el mar
de sensuales condiciones en la arena,
en un disparo de medanos
en una casa luminosa donde los bancales
se unen para sostener el miedo de un juguete,
de una nave de cristal,
todavía sobre cada esquirla nace el horizonte
y en cada resto de columpios
un bosque me recita la campana
la flauta en ella dirigiendose a los prados
y el pefume allí suicida y bolido
de una llamarada.



Guillermo Isaac Paredes mattos

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