La puesta en celo de este vil meridiano
la luz vergonzosa de tus hilos en cada marioneta
el extravismo como ayer donde nos vamos.
He quedado expuesto sin una mentira
solo y quedo en el río que corre en el aire
llevando naves de ceniza y fuegos olvidados.
Cuantas veces mis labios allí te formaron
y dieron luces de plomo a lo que no era amado
inocente al reloj, subrepticio en las manos.
La puesta, una escena de estelas y ardientes
palacios que evocan inmortales prados
un bosque de naipes que crecen entre records.
En ese pubis con aliento a mar podrido
a algas que agonizan en la garganta
y desplazan sonidos de extrañas paciencias.
Hijos de telarañas que creiamos muertas
y en el postrero latido levitan otros reinos
y todo en ellas vuelve a ser hesitado.
Después la ráfaga de este halo en la vera
de un camino estrecho que se arroja del barco
dado por tu piel en una noche de esferas.
Guillermo Paredes Mattos
No hay comentarios:
Publicar un comentario