Romantico el vidrio de mis dedos y su infortunio
enderezando treboles de palidas diferencias
cuando llega el mar y lo contempla rocío.
Sienes de largo esperar desde amatistas
impredecible anhelo de formas en sepias
iluminados por cantos de pergaminos.
Hay una noche allí que quiere ser liberada
y otra cuya voluntad es estar sólo presa
y contempla el anima ese extravío.
Dorado desasimiento del que no sueña
entre piedras fugaces la sangre del diamante
su espumoso crepitar juntando nieblas.
Pletórico este hojal que espinas anuda
verosimil en hojas de viejos carceleros
improntas de arcano que cantan entre veleros.
La lluvia y el tapiz de un sacrilegio, el sabio
de un panal hecho de crestas, el nombre
del palacio cetrino para los empalados.
Hay un sonido de malevolos caprichos
dentro de mi alma, una verguenza de estelas
cuando ya nada puede ser sacrificado.
Y un pudor que no sabe presenta sus palabras
y sangra un cefiro el astral vencejo de mi palma
intuición del que puebla aún sus praderas.
Sus listones de agua y sus desconocidos
estallidos de agua dentro de las ojeras
en un cetro de nieve que el devenir comanda.
Romántico el anhelo que se vuelve hojarasca
el angel que regresa de mis labios muertos
después de haber robado un beso.
Guillermo Isaac paredes mattos
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