Si recibe la noche un pasado de ritos y sospechas levantando
alaridos de barcos.
Si despliega el sendero una estela de ceniza recordándo en cada
latido su fuego.
Y en cada plenilunio el día es existencia de caballos que cuelgan
sólo de sus ojeras.
Como en todos los precipicios miraría un enjambre predicar
de un halo como lo que cae.
Invernando en el tiempo del granizo y las brújulas que se pierden
como el sol en la distancia.
Si de cada horizonte no tuviera que tomar tan sólo esta lejanía
y un río pudiera dar otra sed a mi boca.
Y tú llegaras como un ruido de gatos rodeados por pájaros de vidrios
y botellas.
Si en cada exhalo te forjaría hasta llamarme, en el postrero espiral
de la centella.
Y mis rodillas doblarían aquel encantamiento para el que nunca
estuvimos preparados.
Y todo tomara el juicio de abriles que encienden eslabones en
los infiernos de sus aros.
Oh sí, si de cada venganza podría tomar hasta el infinito esa vida
que es conducida a la muerte.
Y de pronto oprimir el corazón en mis palmas cuando zarandean
un último latido.
Y todo nos predice, todo nos acaba, como centinelas que llevan en
sus iris el final y el principio.
Si todo fuera este momento y la vida encontraría existencia allá
donde sólo un segundo se apagan los ojos.
Guillermo Isaac Paredes Mattos
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