martes, 12 de febrero de 2013
El Canto de los Lobos
Esfera tripulante en un día rojo de tesoros,
cetrina maravilla de mi tentación y emboscada,
reo de soledad extasiando a la luna, un velero
que presiente en la espuma la celula del río,
el coro de un preso marchitando su corazón
dentro de otro. Halo de un estro que navega
como el viento sobre reinos invisibles
en dinastías de transparentes, himno de savia
que usurpa voces de cometas, ardientes ecos
para un criminal que labra cisnes, la serpiente
de esta luz se despliega ahora en su marea,
en ese palacio de un astro que en la noche
muere incendiado en su reflejo. Arduo crepitar
de una musa en su coloquio mas azul, aquel
que en la inmensidad detiene performances,
dramas de hilos en cada sepulcro, exilios de un ave
comparando la suya a otra galaxia. Detenme ahora
que emerge la visión en mis ojos, que una señal
deja morir a sus ojos para convertirse en alma,
detenme cayendo sobre una distancia de pétalos,
en un amanecer de cachorros cuando es gemela
la vida que nos acompaña a través de batallas
y percibe el astro el inicio del tren en toda carabela.
Jardín que transforma en un barco su ala de ceniza
espíritu de albas que destilan cetros amarillos
rueda el ansia su nogal de voluntad desierta
el raudo prisionero eligiendo el cristal
donde la tormenta toma su ventana.
Cae en el pliegue de una voz desconocida
en los umbrales de un giro sólo entre las aguas
mientras devela lo insomne estelas de aparejos.
Guillermo Paredes Mattos
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