Un nombre para el mar sería como un pensamiento
dibujando un monólogo muy cerca de la estela
una noche de pupilas y barcos
sumergidos en la marea.
La metáfora exacta, el rito que no tiene secretos
la soledad de un espacio con naves de agua
palpitando con nieves dentro
de la arena.
También formaría tormentas con el holocausto
el solsticio posible de una trayectoria
llenando de blancos y ciudades
las tinieblas.
Acaso en mis parpados el ala de una maravilla
proyectaria el amago de un encantamiento
la seda que impregna de velos
un misterio.
Crisoles de lluvia son los que arrojan errantes
marcas de estaciones en todos los espejos
las mías son medallas de humedades
en su espera.
Por ello y por el rostro de una despedida
la imaginación es un navío de otras praderas
iluminado por bosques de ropajes
con el sueño.
Y en aquella realidad el ensueño jamás duerme
es un hado rendido a vigilias de pájaros
cuando llevan en sus alas
el horizonte.
Guillermo Isaac Paredes Mattos
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