miércoles, 13 de febrero de 2013

Heridas de Angeles







Hay angeles que nos hieren desde luces profundas 
llamaradas que impregnan y suspenden un halo 
de bastardas hojas secas. 
Son iluminaciones de engaños, rastros inasibles 
que fulgen en la arena 
con el amor de un navio soñando en los lobos. 
Yo tengo un papel para esos seres de seda 
para el terciopelo de sus ojos, para sus tañidos de polen 
y tengo un sendero de calles que muerden, de presos y ejes 
de concilios que no creen que la espuma es una rada 
y que el silencio un verbo, una mantis de extravismos, 
un cometa abrazando la pira de un cristal 
donde sólo el brillo agoniza. 
Yo tengo la muerte en un adios de barajas 
incendiando mis dedos y me alimento de esas cenizas 
cuando algo constelado deja sus mejillas, 
algo como el vidrio ardiente de una escarapela 
algo como el fugaz tridende del gorjeo, 
ese que vive sólo en el sonido 
y en ese lugar empuja halos hasta el sueño 
igual que al corazón. 
Hay ángeles sin rastros ni caballos 
un meridiano de agujas y algo funerario 
en el carbón camino del diamante. 
Hay algo que es tan posible como el viento 
o ese aparejo sin ningun ardid riendo con nosotros 
mientras el amor galopa en las tinieblas 
convertido en caballo. 


Guillermo Paredes mattos

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