lunes, 25 de febrero de 2013

Cuando Silba un Bosque







 
En el elixir de las tradiciones y los planetas
cuando las ciudades respiran voces de metales
y los caminos arden como un periplo de imaginaciones,
muelles que abren yambos de quietud cuando todo se agita.
Pero guardo de cada instante lo que nunca ha de pertenecerme
y recojo de todos los huertos la hoja,
mi alma está ebria de hojarascas y reparto en todos los caminos
una gota de un mundo que de este corazón no ha sido liberado.
Quiero la noche y quiero ese dolor que se acerca sigilozo
para formar sus constelaciones
ya las amé algun día,
más siento que volveré a amarlas,
que la nieve no perdona desiertos
y la flauta de una nave rosada,
es mas atroz en el agua que cuando yerra en los labios.
Mis sentidos son ahora mis mendrugos
mi luz en el altar riendo entre las piedras,
el aureo sesto de la soledad
inventando otra noche, otro corazón
encontrando de todas las quimeras aquella
que lo guiará entre los fuegos de la madrugada.
Madre de lamparas y cenizas
muestrame el arlequín de tus dedos,
la infancia urdida por fugaces campanas,
aquellas que oprimen el postrero soplo de lo sagrado
y lo apagan entre bordas de ángulos y linfas,
goletas de petroleo enseñando a un lecho mi deseo
esta historia sobre siluetas y efigies,
construyendo en el día el corcel que desnude toda claridad
y hunda esta ofrenda en la noche.
 



Guillermo Paredes Mattos

En la Imaginaciòn de una Hoja






 
 
Durante la hoja arriamos expediciones, viejas
como un frío, un corredor de errantes evocaciones
que dieron su palabra al mar como a un árbol.
Allí es una plaga el desvelo, iniciando el camino
a través de los ojos y apagase el surtidor
de aquel encantamiento que sólo el viento predice
y que el corazón desplaza en sus ruidos.
Aires de pupilas para oprimir svasticas
metales de hondas cavidades azules y colores
de un río separandose del agua. Como el astro
invitamos a la noche para encontrar nuestro brillo
sólo que indicios de lluvias y espectros de algas
como máquinas de vidrio nos miran.
Durante la hoja es seguro un retrato del aire
un sendero sin navíos ni puertos, un piélago
incendiando enemigos de seda, un arduo confín
en que se rompe el prodigio como filtraciones de lunas
aquellas que emprendieron un eco sin saber de nosotros.
Y es seguro que nadie se templará entre su duda
y caminaré diciendo la sílaba de lo que no te toca
de lo que pertenece como una mano derecha,
o una serpentina cayendo en sus alas
como un mago dormido y huyendo de su treta.
Entonces divido el instante hasta cualidades de agua
hasta propiedades de arañas juntandose en la niebla
y veo jaurías levantadas por un soplo
y la aurora trae enjambres de aquella cadencia
que acampó en mi amor como un barco
sólo que mi espíritu tuvo que encontrar su oceano.
Durante la hoja escribimos de albas y cetrinas edades
temblorosas orillas de carbón donde la ceniza se une
otra vez en un sueño y canta palabras de lobo desierto
mordiendo la savia del arbol como el reflejo hambriento
de un astro. Yo he dicho mi boca, he atravesado el número
que pervierte de ecuaciones el iris, que lo aleja dentro
del espacio hacia un vertedero
y entonces vagamos, entonces inundamos de madrugadas
las piedras y los filos nos dicen
que llevamos en el rostro el fulgor de un rito
donde nuestros pesebres y nuestras coincidencias
caminan entre realidades que sólo huelen a noches
y auroras.
 



Guillermo Isaac Paredes Mattos
 

En Una Ojiva








 
 
Siento el mundo como un instante
y la arena que llega recuerda su tempestad
en los ojos, ahora es un huesped
separándose de una insinuación
en en templo donde murmura la larva,
un inquilino reproduciendo naturalezas
de propagandas y extraños movimientos.
 
Alto como en un escenario
veo roer la imaginación el fondo de sus filos
y oir en la voluntad la táctica de hangares y aparatos
rondando la libertad de un aneroide,
de aquella naturaleza vieja como una trompeta
de aladas abstracciones,
tantas veces las galerías murieron en ellas,
ni siquiera la agonía hurgó los botines de la belleza
para salvarse,
huele a plomo, huele a nardo
a muerte de refinería, un adriático monumento
de hilo dócil,
como la imagen en la mente,
que ha cruzado la corriente y los ojos para llegar allí,
es un perecer de dragón
de ingeniería llena de ambiciones,
una codicia arriando planetas,
un caballo infiltrando otros sonidos
en las plumas del acontecimiento
en el vicio y le pértiga.
 
Siento la cadencia de una individualidad
sembrando regiones en las azoteas,
en compañía de turbas que llevan halo de intimidad
invisibles sediciosos que escuchan a los naufragos
desden el sino de sus intuiciones
 
 



Guillermo Paredes Mattos
 

El Ciclo de la Esfera








El Ciclo de La Esfera      
 
                                                                                                                            Para esa luz que en cada uno 
                                                                                                                                  es como la vida, cae al
                                                                                                                              abismo a cada instante.
                                            
 
He contemplado la esfera, viciosa en el hilo de una expresión
llevada por marejadas invisibles como ese momento
desprendiendo ardientes topacios de sueño.
De repente en su brillo, también en su credo, en aquella visión
descendiendo como una manada del deseo, corrigiendo el ala
del trapecio, el hilo de ese péndulo que toca el mar y nos adentra
entre sigilozos guardianes que lo han visto todo y huyen
entre planetas de agua, esos que se extinguen como la cresta
en la espuma. No tengo conocimientos en ellos, mis pergaminos
duran apenas una noche, no vuelvo a la nave que vió mis pupilas,
que escuchó mi oración, no reclamo, no escribo de ciencias
mi estética es posible mientras dura lo ardiente,
como una mística de alas y pájaros de carbón,
vórtices de piedras y caminos de azufre
dejando su plegaria
en la pira del viento, donde la ráfaga
tumba el monólogo de un filo con la certidumbre
y la noche calla, el amanecer se extiende y nada es profundo
mientras los cielos se dividen dentro de nosotros.
Renaceres de espíritus que tejen los ósculos
de ellos un punto de alza para tocar una linea
y esta se une a otra hasta vibrar en un horizonte,
serpentinas de un hondo pañuelo, las calles despliegan
la imaginación de un río,
el manantial que lo ha despedido mientras
dura el cometa,
hay aquellos que corren en el cielo
y partieron de nosotros, esta vida es
sólo si vuelve a tomarlo, esta vida es
sólo siguiendo su estela
y dejo al rocío su tarea deinvierno
la de mojar y perecer entre hierbas,
ese no es mi sueño, no lo conozco
todo es posible sólo si desde lejos lo invento
y corro entre galerias de grutas y de truenos
de estaciones como un estuario de sal
donde aprende un centinela a derramar en la orilla
como este vida, sus ojos.
 
 


Guillermo Paredes Mattos
 
 

El Postrero Corazòn











 
Llega un instante en que el alba es el enhebro
y el rito suspira como un cielo que se ilumina aún
al borrarse los astros.
Nace la rosa, pero en lo alto ese precio lo paga
una estrella y muere.
Se impregna de eter este sueño y la trompeta
toca el anhelo del aguila en el aire.
Retumba el tambor de cada camino,
todos conducen a su destino la aurora
y en ellos el espíritu vuelve a la evocación y al silencio.
Se retiran entre invisibles arpegios las ciudades
sus entrañas ahora son errantes siluetas
que vuelven a formarse en nuestra sangre,
sólo que ahora respiran el canto de algo luminoso
de lo que se detiene ante la palabra,
y no entregará su amor jamás a ella.
La vida vuelve a recodar su viaje entro lo lejos
ese viaje del cual sólo guardó su sombra,
contra las piedras vuelve a arrinconarla
contra filos de entrañas le pregunta,
pero como cada mañana esconde el enigma su respuesta
a salvo está del hombre hasta que olvide.
Música de nieves remotas, hasta aquí he llegado
con el verano,
me guiaron aquellas constelaciones que escondidas
en el celaje
recogen frutos de otra realidad,
desiertos donde se alza otra sed
sean ustedes manantiales de este sortilegio.
Y para ti que dentro de mi corazón empiezas a recordar
todo lo que antes de la existencia has recorrido,
quiero decir que esta es mi aurora
la que pertenece a mis iris
la que se despertó junto con mis pupilas,
la que cegó la mirada de mis ojos.
Tu nostalgia de lo eterno y ninguna otra ha de arrancarla.
 


Guillermo Paredes 

Elegìa de las Aguas






 
 
Respirar debajo de las aguas para que vean los peces
un rastro de nuestras narices.
Predicar en árboles de arcanas fortunas conducidos por
el sueño muy lejos de los bosques.
Desplegar un tiempo en las brújulas que el viento
dejó olvidadas en una cabellera de arena.
Imitar la sombra de una palabra cuando el espíritu
da un grito llamando lo lejano.
Ser el iris y ser la tiniebla de un conocimiento que la nada
abandonó para los amaneceres.
Coincidir entre perros hambriento y disecado por un sol
que cobijo la realidad de día.
Inclinarse hasta luminosos ríos donde el agua es el personaje
de una leyenda.
Arrasando promontorios de ardientes ministerios de luces
bordando un halo de ojos.
Continuar como un viento de la noche ya en su luz pero sin tener
una razón para ello.
Sino el manantial de un estro que insinua candelabros que uno
no aprende a construir con el barro.
Elegirme para una mirada que lleve el sino de la contemplación
en el lugar donde agoniza el horizonte.
Tratarme como a sal de desiertos para que mi sed se haga
semejante a la que llevo.
Y no porque me quiera para dinastías de su nombre, yo apenas
vivire una vida.
La quiero para esa ventana donde a veces una araña me enseña
a destruir ciudades.
Donde la hormiga separa el pubis de una luciernaga y lo entrena
en diques de campanas y boxeadores.
Amo amor, pero es más la idolatría donde ese amor está preso
y consuma latitudes de enjambres.
Tripulante de lagunas con especies de insondables géneros
todos barriendo lumenes.
Que importa si algo se consume en espejo de los ciclos, siempre
queda una esfera.
Algo tan literario como un planeta, sin poder jamás formarse
entre las constelaciones.
Algo con literatura de media y ruinas de huesos que hurgan
una sintaxis de mar en sus ojeras.
Soy todavía de vidrio, para que la transparencia, mire allí
y caiga como la inocencia en mi trampa.
Encantador de serpientes y gusanos, que importa que sólo
tengan para mí el veneno.
Como verás nunca reboto entre sujeto y objeto, cuando me arrojo
es para que mis venas se hagan elásticas.
Dios que lo sabe está mirando siempre mis camino azules
donde el granizo sólo despierta  la lluvia.
 
Guillermo Paredes 
 
 

Manantiales de Venus







 
 
Cuando un extravimo abandona su estela en
una mirada.
Y desde ello algo muy extraño nos mira con
duendes temerarios.
En el ser posible donde no hay diferencias y todo
es un lumen de semejanzas.
Mientras todo recorre mis labios y el mar se
parece a la piel de un beso.
Entre tierras difamádas por el mar y una venganza
de aura y luna.
Pues el hastío jamás puede recorrer una copla
es física de celestes fardos.
Ciencia de un miedo cuando uno adentra fosas
y se desnuda en lo reconocible.
No diré más que de mi ignorancia pues es el astro
donde una calumnia se devora.
No diré más que esta orilla y una ciencia de pájaros
midiendo en mis ojos.
Latido de un corcel abrigando legendarias esporas
de cada marisma.
Pértiga del halo donde invadía la soledad una herencia
de crestas y olas.
Confusa es la deriva antes de tocar un puerto, antes
de amar un muelle.
Pero alumbra porque se detienen escenas de agua
que oprimen sátiros de dunas.
Médanos como un sepulcro donde una pitonisa
de detuvo para llamarme.
Ser llamado es como romper un cristal y después
tratar de unir sus pedazos.
Ser llamado es colocar pesebres de cielo donde
la piedra enseña sus filos.
Yo llevaría mis alas a un abismo y las arrojaría
allí por ser purgatorio.
Y construiría manantiales sin agua pues siempre
estoy sediento.
No soy comparado si no es con la ceniza que han dejado
todos mis caminos.
No he de llamarme sino es en un silencio donde no hay
memoria de mis pasos.
De evanescentes ardides tosen las pupilas y eslabònes
son de alguien que roza.
De uno que estrofa es de plagas y mafias tocadas por
el sueño y hoja.
Si hay un pergamino esta noche que venga y enseñe
los péndulos de sus venas.
 
 
Guillermo Paredes Mattos

miércoles, 20 de febrero de 2013

Historias de Satrapas




Historias de Sàtrapas

Con ellos la luna sigue pliegues
de inercia con sus precipicios
y calles con sus ironias.


Burladeros de alamos en los records
de la penumbra
y los circos del miedo.

Nada como tomar la ceniza
de un màs allà hecho
de truenos.

Cuando la delicia nos socava
entre fantasticos pudores
de magos con el viento.

Todos cediendo sòlo
a sus veleros.



Guillermo Paredes Mattos

Preguntas Para el Cielo







La ira, en ella un pardo celestial enumera concilios
y en la cresta la espuma va de calle en calle resucitando
vacíos como el sol, termentinas como un astro
la cabalgata del metal sobre las superficies.
Tu eras una ventana decía este horizonte
y un día aprendiste a perderte en los astros
desde entonces caminan hacia el trigo los atomos
y toda herida de un palacio cicatriza en los ojos.
Pupilas de aires desconocidos donde pactamos
ceremonias de aureos poseidos, tremebundos
carceleros de aguas infinitas, desesperadas en el hilo
donde es vencida la aguja pero jamás la herida.
No tengo artes, no hay en el horizonte este lirio
impregnando de cantinas locas como la sed
de espasmos como lo salvaje o una selva
donde recita el viento la canción profaba del miedo.
Pero yo temo y he nacido debajo del presentimiento
mi furor en terrible como cualquier espectro
y soslayo cada palpitar para creer en el latido
es decir, terminar de oir el corazón cuando cae
el día y todo empieza en la noche, como un sueño.

Idea de la Luna








Debe el azul como un testigo que es venganza de la luna
un dìa de calles sobre el cielo tensandose en tus iris
como una avutarda entre mercurios de oros y botellas.

Debe el azul esta pradera incendiada en tus ojos
la demagogia de una goleta, el nardo de viejo tulipan
incendiandose en lo màs secreto de los orcos.

Acaricia el fervor la magna estela de cualquier suplicio
y ebria en la marea, la percusiòn señala el camino
ese que el espìritu allanarà entre pàjaros.

Entre delicias del halo entre celestes homicidas
recogiendo cristales y retos de veleros
en mares encrespados y enfermos en la gloria.

Por ello a los heroes los dejo en medio de los pètalos
y tomo de cada burocracia el lugar que besa el sueño
ese que en cada amanecer en ningun camino los deja.

Debe el azul, la suma de yugulares amores y retornos
un polen como el cielo, una acustica de pàjaros
y luego el astro que se arroja a las galaxias.

Debe el azul este bosque plagado de centellas
mi ciudad de vidrio en las murallas, el arco
que tensa sòlo al infinito su flecha. El iris
sobre el que yace la sepìa vestida de caballos
inundando el sedimento de aquella escollera
donde el corazòn se sabe perdido sin un labio.

Por ello en cada minarete rastreo el atomo
de ese nucleo de tu pubis dormido en la llama
inventandose en ciegos y sirenas como un vertigo.

Imagenes de un Cuerpo







En el río donde los ojos palpitan sus gladiadores.
En el marco de un palacio
agitando llaves
de rocío;
la estación de equinoccios vuelve
a lo sagrado.
Aquí quedaba la serpentina de mis labios
inventando formulas
con su saliva.
Aquí la formidable noche del cometa
espantando la unción
de una maniobra
dicha por
el amor
en un lecho.
El despuntar de alguna estela
iniciando su periplo
de espejos
en ciudades rojas.
Mi espíritu es el cristal que queda
como una ceniza
en una noche
de raptos.
Mi ciencia sin ventanas
el hilo que tejí en mi casa para
la leyenda.
La artistica tensión de cada músculo
y mi vida aprendiendo en cada tremante
que eran suyos
que descendían de huesos y membranas
que un día levitaban con la lluvia
un trasto
un reino de metal en la humedad
y otro en la madera.
En el río como en los barcos se unen
alguna escencia
el dibujo de una rada sobre el minotauro
y la idolatría de las sienes
adorando muelles para sus membranas,
para esa existencia lena de cartilagos
y noches
depilando frutos de fuego
hasta la
ceniza.


Guillermo isaac paredes mattos

La Adolescente de Fuego









Si recibe la noche un pasado de ritos y sospechas levantando
alaridos de barcos.
Si despliega el sendero una estela de ceniza recordándo en cada
latido su fuego.
Y en cada plenilunio el día es existencia de caballos que cuelgan
sólo de sus ojeras.
Como en todos los precipicios miraría un enjambre predicar
de un halo como lo que cae.
Invernando en el tiempo del granizo y las brújulas que se pierden
como el sol en la distancia.
Si de cada horizonte no tuviera que tomar tan sólo esta lejanía
y un río pudiera dar otra sed a mi boca.
Y tú llegaras como un ruido de gatos rodeados por pájaros de vidrios
y botellas.
Si en cada exhalo te forjaría hasta llamarme, en el postrero espiral
de la centella.
Y mis rodillas doblarían aquel encantamiento para el que nunca
estuvimos preparados.
Y todo tomara el juicio de abriles que encienden eslabones en
los infiernos de sus aros.
Oh sí, si de cada venganza podría tomar hasta el infinito esa vida
que es conducida a la muerte.
Y de pronto oprimir el corazón en mis palmas cuando zarandean
un último latido.
Y todo nos predice, todo nos acaba, como centinelas que llevan en
sus iris el final y el principio.
Si todo fuera este momento y la vida encontraría existencia allá
donde sólo un segundo se apagan los ojos.


Guillermo Isaac Paredes Mattos