martes, 30 de octubre de 2012

Las Heridas Azules





                                                He conservado el fuego del infierno
                                                               porque si no, no quedarìa
                                                                        nada para mi.
                                                                            Goethe
 
 
 
 
 
 
Mis heridas son azules
y recuerdan un corazòn,
que aprendiò a separarse de la noche,
a ya no despertar en el cielo.
Mis ojos llevan hacia el extravìo los astros,
la leyenda que los gestò antes de la creaciòn,
el sueño que llenò de furia una aurora.
Mi mirada guarda el misterio
de quien ama todo y nada,
en mis labios las constelaciones forjaron la oraciòn,
con que formò el universo una vida.
Ya antes viaje en estos labios,
cruzè el infinito y en la inspiraciòn
me unì a la eternidad,
dejè mis lagrimas bajo la sombra de una estrella
y abrì pergaminos en pièlagos de luna,
allì, sòlo mi sed aguardaba,
clamè al espìritu desde la estela
que el eter dejaba a su paso,
implorè en la luz màs sagrada.
Corrì hacia extraños abismos
y contemplè los petalos del devenir formando
la rosa,
en mis venas la sangre corre para elevarla.
Conocì la deriva fraguando la orbita,
el hemisferio donde un bolido se alza hasta una plegaria,
la savia de la cual desprendese la noche y el dìa,
la visiòn donde lo inmortal descansa.
Mis heridas son azules,
y recuerdan que no hay una distancia
sino un brillo separandose de nosotros,
que no hay un precipicio
sino la penumbra donde aprendieron los ojos,
que el destino descansa entre la pureza
y no hay lejanìas pues el alma las alcanza.
Ningun camino detiene en el cielo al ave,
la muerte llega envuelta en el rocìo
para acariciar la vida
y es el ciclo del sueño y el deseo
donde resisten al amor y el amanecer,
como ese astro que al despuntar
toma sin saber el camino del espectro
espectro entre la realidad.



Guillermo Paredes Mattos

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