Cede hoy la noche del coribante
extraviando una rada de niños dorados por la hoja
que inunda la pupila de un mar tan secreto,
iniciando lejos del hombre su aurora.
Si acaso creí que el amanecr era mío
ahora puedo traicionarme
y es un dolor tan secreto
parecido a los naipes,
a esas calles que caminan y jamas regresan,
a esa linguistica urdida tantas noches dentro
del significado
y que hoy son memoria
de estuarios voluptuosos
como una llamarada ,
convocando al festín al cuerpo
a su noche temblorosa,
que duda cabe
podemos hablar de un río imaginando la vida
y nosotros en la caricia inventandolo,
podemos decir que literario es un enjambre
donde los venenos cayeron entre aspas
lo recuerdo, llegaban de las sombras.
Confesiones como éstas
siempre bordan inusuales trapecios.
Pero llega el pájaro y su graznido
me trae el alba.
Como siempre me he dejado llevar pór
su vuelo
y el dejarme llevar ha sido equivocado.
Guillermo Paredes Mattos
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