lunes, 8 de octubre de 2012

Cuando Silba un Bosque






 


En el elixir de las tradiciones y los planetas

cuando las ciudades respiran voces de metales

y los caminos arden como un periplo de imaginaciones,

muelles que abren yambos de quietud cuando todo se agita.

Pero guardo de cada instante lo que nunca ha de pertenecerme

y recojo de todos los huertos la hoja,

mi alma está ebria de hojarascas y reparto en todos los caminos

una gota de un mundo que de este corazón no ha sido liberado.

Quiero la noche y quiero ese dolor que se acerca sigilozo

para formar sus constelaciones

ya las amé algun día,

más siento que volveré a amarlas,

que la nieve no perdona desiertos

y la flauta de una nave escarlata

es mas atroz en el agua que cuando yerra
 
en los cantaros.

Mis sentidos son ahora  mendrugos

mi luz en el altar riendo entre hiedras

el aureo sesto de la soledad

inventando otra noche, otro corazón

encontrando de todas las quimeras, aquella

que lo guiará entre los fuegos a otra madrugada.

Madre de lamparas y cenizas

muestrame el arlequín de tus dedos,

la infancia urdida por fugaces campanas,

aquellas que oprimen el postrero soplo de lo sagrado

y lo apagan entre bordas de ángulos y linfas,

goletas de petroleo enseñando a un lecho mi deseo

ésta historia sobre siluetas y efigies,

construyendo en el día el corcel
 
aquello que termine con el sacrificio

y hunda su ofrenda para siempre en la noche.
 
 
 
Guillermo Paredes Mattos

No hay comentarios:

Publicar un comentario