sábado, 6 de octubre de 2012

Las Bengalas del Sigilo







Llevo bengalas, ardientes lunas
que incitan y provocan aires de velos
y en cada respiro se descubren. Oigo un astro
pero su día de sangre no alcanza y brota
en algun lugar de la ceniza, de aquello que
alistó su átomo en el volcan, en el filtro
plagado de elementos, de nieves como relámpagos,
sigilos que llamaron desde el tridente al mortal
y dieron su alegre desasimiento.
Qué importa si el dolor alguna noche
desnudo su cuerpo, he alejado mi corazón
de su lecho, él sabe que en cualquier instante
ha de encontrarme, que no necesitamos la experiencia
de una brújula cayendo en el mar,
ni el molino en los ojos de un pájaro
como una lluvia abierta tiritando su carcel
de granizo, su llamarada sobre el esplendor,
la treta de una vena invencible radiando
en el confin de un crisol, donde tiemplase
un filo de instante y de horda, segregando
un desierto, un insomnio de palabras azules,
de calles tan largas como una albumina
o el pistilo en el hedor del árbol,
pudriendose en los ojos.
Qué importa haber jurado entre plagas
caminar entre simbolos que conducen presagios,
he visto el mar antes y después de ellos
he cubierto de verbo y pulso sus venas
he intrigado como un dios oculto
luminoso en sus tinieblas,
en ese aire escondido donde de mí despierto
donde de mí alcanzo y me alejo,
donde ruedo y seguro entre campanas de nieve
separo el deseo de su humeda mirada.
 
 
Guillermo Isaac Paredes Mattos
 


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