martes, 30 de octubre de 2012

Formato de la tristeza





Por el presente de todos mis ritos
y el manantial de mis anunciaciones,
invadiendo mares y desmayos, urdiendo
piélagos y cometas.
Entre bardos que de sus voces reniegan
y el hilo que siembra  murallas sin raices,
frenesí de soledad, una ausencia
y mares es lo que delata.
En un sigilo que develando está en su arte
y su estética de evocaciónes inclinandose a
las espinas.
En una copla que enciende multitudes de vidrio
y compara el sabio equinoccio de la nada
entre expresiones de agua.
Y de pronto en una espera surge una resaca
impregnando consignas de alisios,
emparentados con la piedra.
Orbes de raudos epitafios
maravillosos desvelos, de ellos vuelve
a colgarse un tristeza.
 
Donde esa tristeza toma un hombre 
para su amanecer
y no su abismo.
 
 
 
Guillermo Isaac paredes mattos
 
 
Guillermo Paredes Mattos

Las Heridas Azules





                                                He conservado el fuego del infierno
                                                               porque si no, no quedarìa
                                                                        nada para mi.
                                                                            Goethe
 
 
 
 
 
 
Mis heridas son azules
y recuerdan un corazòn,
que aprendiò a separarse de la noche,
a ya no despertar en el cielo.
Mis ojos llevan hacia el extravìo los astros,
la leyenda que los gestò antes de la creaciòn,
el sueño que llenò de furia una aurora.
Mi mirada guarda el misterio
de quien ama todo y nada,
en mis labios las constelaciones forjaron la oraciòn,
con que formò el universo una vida.
Ya antes viaje en estos labios,
cruzè el infinito y en la inspiraciòn
me unì a la eternidad,
dejè mis lagrimas bajo la sombra de una estrella
y abrì pergaminos en pièlagos de luna,
allì, sòlo mi sed aguardaba,
clamè al espìritu desde la estela
que el eter dejaba a su paso,
implorè en la luz màs sagrada.
Corrì hacia extraños abismos
y contemplè los petalos del devenir formando
la rosa,
en mis venas la sangre corre para elevarla.
Conocì la deriva fraguando la orbita,
el hemisferio donde un bolido se alza hasta una plegaria,
la savia de la cual desprendese la noche y el dìa,
la visiòn donde lo inmortal descansa.
Mis heridas son azules,
y recuerdan que no hay una distancia
sino un brillo separandose de nosotros,
que no hay un precipicio
sino la penumbra donde aprendieron los ojos,
que el destino descansa entre la pureza
y no hay lejanìas pues el alma las alcanza.
Ningun camino detiene en el cielo al ave,
la muerte llega envuelta en el rocìo
para acariciar la vida
y es el ciclo del sueño y el deseo
donde resisten al amor y el amanecer,
como ese astro que al despuntar
toma sin saber el camino del espectro
espectro entre la realidad.



Guillermo Paredes Mattos

sábado, 27 de octubre de 2012

El Precipicio Divino








 
Elegì la vida antes que el mar
antes que las estrellas y el infinito
mi voluntad tomò del universo un corazòn
y descendiò a la tierra.
Era de un sueño hasta ese dìa,
una dimensiòn donde palacios y reinos
se sostienen en una ràfaga,
aquella que sobre la estela corrompe su existencia
hasta una llamarada,
una voz que se alza como desde el secreto del agua
al recorrer los rìos,
al buscar extinguirse como la eternidad
en las llamas de la creaciòn.
Elegì el rocìo deun invierno,
el sol de la mañana sobre mi cuerpo
y la espuma como una deliciosa herida
llegando para ofrecerme su agonìa
y tuve que tomarla
la tomè como ese ruego que la soledad
pliega al hobre para que el hombre no se vaya,
como ese destierro
donde el destierro nos llama
y hace brotar desde lo màs profundo lo que no conocemos,
la citara del hombre condenando
a todo el universo con su mùsica,
en ese despertar que arrastra lo que hemos perdido,
lo que desde el vacìo anuncia
celestes sepulcros de nieves y auroras,
de tuneles y màstiles emprendiendo a travès de nuestro corazòn
el retorno.
Elegì la vida , ante que el infierno o el cielo
por que en ella hay fuegos que no seràn apagados,
que huyen de demiurgos y de criaturas
y se burlan frente al mal y esta noche de  dioses.
La contemplo ahora
que lo hace mi alma.
 

Los Ecos de la Espuma








Hay un dìa y la mariposa lo ha enterrado en sus alas
las heridas de un perro que atraviesan el mar
el recuerdo de un asesino en cada suicida.
Allì emergen veletas de remotos plenilunios
carceles de minotauros abriendo crisoles
conduciendo hacia el vèrtigo a un muecìn,
presidiario de niebla encima de las aguas
cuando una boya igual que el sol se sumerge,
trazando su gloria lejos de la superficie.
Hay un noche y un terciopelo rojo como cielo
luces de enjambres y màquinas de angustia,
dispersos universos que en la inspiraciòn se juntan
y a veces tientan soledad lejos de un verso.
Un himno y un miedo de sal rondando las arenas
un romàntico en las espinas de las olas,
cuando la espuma empuja el corazòn hasta su pecho
y se abren ventanas de brasas y desasimiento.
Un mediodìa y el carbòn del diamante
el cenit del lobo y el aullido que destruye una araña,
una colina de llaves que robaron de tu amor
los circulos que entonces eran religiones.
Hay un yelmo y està en todos mis ojos
lejos de mì y cerca de mis entrañas,
ama al sol como a la estirpe de un condenado
como a esa altura que clama por nombres prohibidos,
por cielos y herejìas de tremantes, temblores que acaso
repiten la aguja por la que atraviesa el camello.
Maldiciones de nieve llevan sus inviernos
monticulos de seda para engañar a los lobos.
Hay un dìa y una criatura que sigue ascendiendo
hacia el golgota.
Hay un dìa y sòlo el amor lo convierte en cenizas.
 


Guillermo Paredes Mattos

Antes del Brillo









 
Cómo era el mar que guiaron tus ojos
y fue confundido en noches y amaneceres por tu inspiración.
Qué musa llegó con la noche,
con el diamante cifrado en el brillo, con esos navios
que aún entre la oscuridad dibujaban su estela,
y aquello que como un enigma emerge dentro de ti
para buscar su imagen convertida en recuerdo,
y  tu sangre se levanta hacia ella, igual que tu vida hacia el viento
buscando el respiro,
semejante a ese instante donde todo lo que vibra en tu cuerpo huye
uniéndose al rocío,
a las voces que de la naturaleza profanaron dinastías
y estirpes
y en cada instante empezaron el ciclo.
La rueda danza entonces sobre cada camino,
dispara la flor el polen, mece la creación
los versos,
los dedos son citaras que tiemplan el paso
del eter y de la divinidad buscando la angustia,
el peso del amor y del dolor,
el himno de la lluvia y del granizo.
Mira la hoja, contempla el verdor, viajó como la soledad
buscando un lugar
pero no necesito de un hombre para continuar el camino,
espanta el ave la desolación con sus alas
y entre formulas de magia enrumba hacia celeste piruetas,
jura sobre la superficie del manantial la transparencia,
en un amor que ningun adivino entre las sombras
puede decir que ha besado.
Y estos labios que cierran sus ojos cuando oprimen
la orfandad del misterio,
la cita del agua con el sol
la caricia de la pureza con la hoja,
sigo siendo un ser rendido entre la tregua
acercandose cada noche a la vida
cuando ésta la que te habla,
duerme.



Guillermo Paredes Mattos
 

Astilleros







Recibe agua el destierro de un astro en la arena.
Recibe arena la huella de un sol en el desvelo,
toma el horizonte pàjaro antes que sobre èl vayan mis ojos,
muestrate tragedia como un enjambre que al lado de la piel
descubre la caricia, el ansia de aquella voluptuosidad
que no detiene su camino hasta el corazòn de la furia.
Y tù vida, que se haga dentro de tu latido mortal
todo lo que fluye camino de la aurora.
Despuès de haber recogido la noche.




Guillermo Paredes Mattos

El Corazòn del Agua







El Corazón del Agua
 
Llega un instante en que el alba es el enhebro
y el rito suspira como un cielo que se ilumina aún
al borrarse los astros.
Nace la rosa, pero en lo alto ese precio lo paga
una estrella y muere.
Se impregna de eter este sueño y la trompeta
toca el anhelo del aguila en el aire.
Retumba el tambor de cada camino,
todos conducen a su destino la aurora
y en ellos el espíritu vuelve a la evocación y al silencio.
Se retiran entre invisibles arpegios las ciudades
sus entrañas ahora son errantes siluetas
que vuelven a formarse en nuestra sangre,
sólo que ahora respiran el canto de algo luminoso
de lo que se detiene ante la palabra,
y no entregará su amor jamás a ella.
La vida vuelve a recodar su viaje entro lo lejos
ese viaje del cual sólo guardó su sombra,
contra las piedras vuelve a arrinconarla
contra filos de entrañas le pregunta,
pero como cada mañana esconde el enigma su respuesta
a salvo está del hombre hasta que olvide.
Música de nieves remotas, hasta aquí he llegado
con el verano,
me guiaron aquellas constelaciones que escondidas
en el celaje
recogen frutos de otra realidad,
desiertos donde se alza otra sed
sean ustedes manantiales de este sortilegio.
Y para ti que dentro de mi corazón empiezas a recordar
todo lo que antes de la existencia has recorrido,
quiero decir que esta es mi aurora
la que pertenece a mis iris
la que se despertó junto con mis pupilas,
la que cegó la mirada de mis ojos.
Porque nostalgia es de lo eterno y ninguna otra ha de arrancarla.
 


Guillermo Paredes Mattos

jueves, 11 de octubre de 2012

Prosa de la Voz que Arrecia







Sigilozos somos cuando un sentimiento busca sus altares
dentro de nosotros. Luvias y otoños lo han guiado al lugar
donde la nostalgia sin un recuerdo asalta rojizas memorias,
goletas entre hiàlinos aceros, donde un astro refleja el surtidor
del cual està hecho, pero sòlo la mirada lo toca.
Oh amor, me has hecho entre papeles de carne, ansiarte debajo
de la tierra y oì tantas voces yendo en tu busqueda, que ya no sè
si eres una voz o eres un destino. Mientras tanto cada sueño
es un jardìn colgando de Babilonia, una torre de Babel, una flor
que no puedo sostener mucho tiempo en mis manos, la ves
es quizà para ti, quizà puedas llevarla a esa noche donde en mi boca,
habìa alcanzado sòlo la muerte. La ves, me estaba esperando,
pero sòlo para ser descubierta, mis alas siempre volaron
debajo del cielo y las tuyas se abren entre marejadas celestes,
entre vertigos de esquirlas en la tormenta, en la brisa que trepida
entre lo alto, como una mùsica sin sonidos ni movimientos
invisible como el cancerbero de una mañana. Si hay esperanza,
para el espìritu que mora dentro de mi, la poso en tus pergaminos,
en tus historias de piel enterradas por el horizonte, sepultadas
por un aire de raices y manadas, soplando arenas de desiertos
allì donde la tormenta confunde siempre al hombre.
Oh amor he sido desgarrado, pero aùn continuo en las piedras
no separan jamàs su cardo de la lengua una silueta, no divide el camino
el paso de un cipres al que recita un movimiento de piedras,
un devenir de algas entre trampas de cera, una ninfa en los
dedos la ha llevado hasta ella. Una musa perdida entre viejos
regalos de la lluvia, donde el polen es el alimento de un mendigo
de una criatura con un velo en los ojos y sòlo la semilla
del màs extraño renacer -aquel al que nunca estamos preparados-
puede arrancarlo.
 


Guillermo Paredes Mattos

Los Remotos Incienzos







Ha puesto el amor un ciego cristal y una reliquia
renaciendo en el verso de lejanos incienzos.
Pero ahora que se levanta entre ciervos una hoja
y que el destino vuelve a creer en el horizonte,
los que parten cuelgan en su frente la lluvia
y es un péndulo azul el movimiento.
Revoluciones de bronce para lo que son sólo sueños
es el mártir un heraldo en medio de otro cuerpo
la sensación vuelve a vestir el sol de rocío,
la inspiración condenada una vez más a la inocencia
y ese golpe donde puedo vivir, robando angeles y algas.
Presiento entonces desde nieves, concibo de nuevo
minaretes y una rosa, empinada como un huracan dentro
del cielo, buscando el pubis del universo.
Escucho naves en cada templo, tiemplo el circulo en ellas
tenso el iris de ese despertar donde nada me nombra,
donde nada lleva mis calles y oigo guarniciones de seda
en cada mirada, hambres de terciopelo en esos ojos,
disputandole al mar una marea, un sitio donde la luna
aprende a desesperarse cuando llega el alba.
Ha puesto el amor promesas de un festín en la arena
e hilvana un profeta el evangelio de musas que cortan mi beso,
sí, el deseo es como un huerto y en el anuncio del granizo
están las puertas que jamás empujamos
que sólo el ala de un pajaro hiere,
que sólo el hilo de una carcel devora.
Jaurías aún para el que resiste en el romance
del cardo, la hiena y la penumbra
el que mira desde las ventanas como las criaturas avanzan
y todas cargan en su sombra un coribante.
 


Guillermo Paredes Mattos

Cita del Farol









Voy entre calles y todas son brùjulas
los seres a mi lado, son ya intuiciones,
errantes veleros de cemento
casa de roces borrachos en mis expediciones.
Sigo entre alces buscando sepulturas
burdeles que nadan entre ruidos y celos,
filtros de arlequines quemados por el agua
por un cielo tan atroz como este momento.
Voy entre lazos que me separan de tu savia
barcos en ellos agitan palcos de inspiraciòn,
de naùticos desvelos, azules como una noche de titanes
o el oro de una resaca cuando oprime los mitos.
La distancia a mi lado es sòlo una sentina,
un viaje de goletas recibiendo el plomo de los husares
relatos del sol sobre el jaspe de un animal,
enjaulado entre dominios donde divisa una era.
Temblorosa anda en mis pèndulos el agua
es un signo donde empiezan mis ojos,
donde un arnes detiene el estìo
donde separanse legionarios de mi sueño.
Todo quiere la muerte a mi lado
y quizà esa sea una voz que en ella pertenece
liras asustando reliquias hasta respirar la tierra,
el sortilegio de quien todo ha secado
y humedecido entre frentes de barro,
desliza batallas amarillas con el hado.
Voy entre panteras y surcos
puedo defenderlos hasta una victoria
obligarlos a una derrota,
puedo recoger la escarcha de sus labios como en un pergamino
y despuès recorrer los trapecios donde recita la angustia
porque cree que asi ha despertado.
 


Guillermo Isaac paredes mattos

lunes, 8 de octubre de 2012

Cuando Silba un Bosque






 


En el elixir de las tradiciones y los planetas

cuando las ciudades respiran voces de metales

y los caminos arden como un periplo de imaginaciones,

muelles que abren yambos de quietud cuando todo se agita.

Pero guardo de cada instante lo que nunca ha de pertenecerme

y recojo de todos los huertos la hoja,

mi alma está ebria de hojarascas y reparto en todos los caminos

una gota de un mundo que de este corazón no ha sido liberado.

Quiero la noche y quiero ese dolor que se acerca sigilozo

para formar sus constelaciones

ya las amé algun día,

más siento que volveré a amarlas,

que la nieve no perdona desiertos

y la flauta de una nave escarlata

es mas atroz en el agua que cuando yerra
 
en los cantaros.

Mis sentidos son ahora  mendrugos

mi luz en el altar riendo entre hiedras

el aureo sesto de la soledad

inventando otra noche, otro corazón

encontrando de todas las quimeras, aquella

que lo guiará entre los fuegos a otra madrugada.

Madre de lamparas y cenizas

muestrame el arlequín de tus dedos,

la infancia urdida por fugaces campanas,

aquellas que oprimen el postrero soplo de lo sagrado

y lo apagan entre bordas de ángulos y linfas,

goletas de petroleo enseñando a un lecho mi deseo

ésta historia sobre siluetas y efigies,

construyendo en el día el corcel
 
aquello que termine con el sacrificio

y hunda su ofrenda para siempre en la noche.
 
 
 
Guillermo Paredes Mattos

El Pájaro de los Ciegos






He roto el mar para que hable de todas sus esquinas

he enviado trofeos como nupcias

de un día entibiado en los dedos de una avaricia

y he dado muertes de estela a mis ojos

he robado ojos a todos los ciegos

para ver en la oscuridad,

he vibrado lejos de esa muralla donde sólo

llegan los pasos

donde sólo se agita la mirada,

donde todo quiere ser conquistado por el verbo.


Porque hay algo que no huele a divisa

ni a triunfo,

una derrota como la albumina

como el ruido de un navío

cuando se arrastra en las cenizas de

los árboles

y en la arena

la ola llega cantando su amor olvidado.
 
 
 
Guillermo Paredes Mattos

Superficies de Plomo






El mundo puede tener pétalos como aquellos que caen
de la noche.
Respirar debajo de los aros repartiendo circulos
en todo lo que conoces.
Su civilización es un prado de bosques que resisten
en nardos y alados
decires de maniáticos y epopeyas.
Cuenta maniobras junto al hado y recibo propagandas
de juglares y corolas.
Canta entre ritmos que parecen la imagen
de un vehículo desconocido,
fermentando la niebla de una goleta
dorada
amainando la espuma de una pared rosada.
Quiero abrir un color que no lleve tintes
de naves
disputar un amor que a ninguna piel condene.
Tenderme en el bosque de mi noche dibujada
por la mirada de una cúpula llena
de arabes.


Desciende entonces ahora como quien asciende
y remueve el golfo de aquellos adioses
con palmas de feromonas y polen cruxificado.

Igual que aquellos arabes.



Guillermo Paredes Mattos

Las Figuras del Sargazo






Cede hoy la noche del coribante

extraviando una rada de niños dorados por la hoja

que inunda la pupila de un mar tan secreto,

iniciando lejos del hombre su aurora.
 

Si acaso creí que el amanecr era mío

ahora puedo traicionarme

y es un dolor tan secreto

parecido a los naipes,

a esas calles que caminan y jamas regresan,

a esa linguistica urdida tantas noches dentro

del significado

y que hoy son memoria

de estuarios voluptuosos

como una llamarada ,

convocando al festín al cuerpo

a su noche temblorosa,

que duda cabe

podemos hablar de un río imaginando la vida

y nosotros en la caricia inventandolo,

podemos decir que literario es un enjambre

donde los venenos cayeron entre aspas

lo recuerdo, llegaban de las sombras.

Confesiones como éstas

siempre bordan inusuales trapecios.

Pero llega el pájaro y su graznido

me trae el alba.

Como siempre me he dejado llevar pór

su vuelo

y el dejarme llevar ha  sido equivocado.
 
 
 
 
Guillermo Paredes Mattos

Sol de Intuición





En Una Ojiva



Siento el mundo como un instante

y la arena que llega recuerda su tempestad

en los ojos, ahora es un huesped

separándose de una insinuación

en en templo donde murmura la larva,

un inquilino reproduciendo naturalezas

de propagandas y extraños movimientos.


Alto como en un escenario

veo roer la imaginación el fondo de sus filos

y oir en la voluntad la táctica de hangares y aparatos

rondando la libertad de un aneroide,

de aquella naturaleza vieja como una trompeta

de aladas abstracciones,

tantas veces las galerías murieron en ellas,

ni siquiera la agonía hurgó los botines de la belleza

para salvarse,

huele a plomo, huele a nardo

a muerte de refinería, un adriático monumento

de hilo dócil,

como la imagen en la mente,

que ha cruzado la corriente y los ojos para llegar allí,

es un perecer de dragón

de ingeniería llena de ambiciones,

una codicia arriando planetas,

un caballo infiltrando otros sonidos

en las plumas del acontecimiento

en el vicio y le pértiga.


Siento la cadencia de una individualidad

sembrando regiones en las azoteas,

en compañía de turbas que llevan halo de intimidad

invisibles sediciosos que escuchan a los naufragos

desde el sino de sus intuiciones

 
 
 
Guillermo Paredes Mattos 

sábado, 6 de octubre de 2012

Las Bengalas del Sigilo







Llevo bengalas, ardientes lunas
que incitan y provocan aires de velos
y en cada respiro se descubren. Oigo un astro
pero su día de sangre no alcanza y brota
en algun lugar de la ceniza, de aquello que
alistó su átomo en el volcan, en el filtro
plagado de elementos, de nieves como relámpagos,
sigilos que llamaron desde el tridente al mortal
y dieron su alegre desasimiento.
Qué importa si el dolor alguna noche
desnudo su cuerpo, he alejado mi corazón
de su lecho, él sabe que en cualquier instante
ha de encontrarme, que no necesitamos la experiencia
de una brújula cayendo en el mar,
ni el molino en los ojos de un pájaro
como una lluvia abierta tiritando su carcel
de granizo, su llamarada sobre el esplendor,
la treta de una vena invencible radiando
en el confin de un crisol, donde tiemplase
un filo de instante y de horda, segregando
un desierto, un insomnio de palabras azules,
de calles tan largas como una albumina
o el pistilo en el hedor del árbol,
pudriendose en los ojos.
Qué importa haber jurado entre plagas
caminar entre simbolos que conducen presagios,
he visto el mar antes y después de ellos
he cubierto de verbo y pulso sus venas
he intrigado como un dios oculto
luminoso en sus tinieblas,
en ese aire escondido donde de mí despierto
donde de mí alcanzo y me alejo,
donde ruedo y seguro entre campanas de nieve
separo el deseo de su humeda mirada.
 
 
Guillermo Isaac Paredes Mattos
 


Entrada Espiritual a la Inocencia








Se abren perfiles para soñar o para perderse
si algo está quieto es aquello que desde toda conjunción
nos reclama. Avistamos truenos, la inocencia de un relámpago
que desciende hacia la muerte. Esta es mi historia,
no hay otra, hay musas -se dice- rodeadas de espinas
con mañanas parecidas a la noche, hay palacios
donde ni siquiera yo puedo cantar
pero desciendo, abro mástiles en esa soledad,
palpito como el pájaro que por primera vez busca al aire.
Camino cada día en estos instrumentos
sólo me oigo a mi mismo, mis voces son también mis carceles,
mis amados presidios y si lloro, hago que mi lágrima
caiga sobre la hoja seca.

La Necesita más que mi dolor.



Guillermo Isaac Paredes Mattos
 

La Imaginaciòn de la Hoja







La Imaginación de la Hoja
 
 
Durante la hoja arriamos expediciones, viejas
como un frío, un corredor de errantes evocaciones
que dieron su palabra al mar como a un árbol.
Allí es una plaga el desvelo, iniciando el camino
a través de los ojos y apagase el surtidor
de aquel encantamiento que sólo el viento predice
y que el corazón desplaza en sus ruidos.
Aires de pupilas para oprimir svasticas
metales de hondas cavidades azules y colores
de un río separandose del agua. Como el astro
invitamos a la noche para encontrar nuestro brillo
sólo que indicios de lluvias y espectros de algas
como máquinas de vidrio nos miran.
Durante la hoja es seguro un retrato del aire
un sendero sin navíos ni puertos, un piélago
incendiando enemigos de seda, un arduo confín
en que se rompe el prodigio como filtraciones de lunas
aquellas que emprendieron un eco sin saber de nosotros.
Y es seguro que nadie se templará entre su duda
y caminaré diciendo la sílaba de lo que no te toca
de lo que pertenece como una mano derecha,
o una serpentina cayendo en sus alas
como un mago dormido y huyendo de su treta.
Entonces divido el instante hasta cualidades de agua
hasta propiedades de arañas juntandose en la niebla
y veo jaurías levantadas por un soplo
y la aurora trae enjambres de aquella cadencia
que acampó en mi amor como un barco
sólo que mi espíritu tuvo que encontrar su oceano.
Durante la hoja escribimos de albas y cetrinas edades
temblorosas orillas de carbón donde la ceniza se une
otra vez en un sueño y canta palabras de lobo desierto
mordiendo la savia del arbol como el reflejo hambriento
de un astro. Yo he dicho mi boca, he atravesado el número
que pervierte de ecuaciones el iris, que lo aleja dentro
del espacio hacia un vertedero
y entonces vagamos, entonces inundamos de madrugadas
las piedras y los filos nos dicen
que llevamos en el rostro el fulgor de un rito
donde nuestros pesebres y nuestras coincidencias
caminan entre realidades que sólo huelen a noches
y auroras.
 



Guillermo Isaac paredes mattos